Surfeando sobre la ola de solidaridad y buenismo que nos invade, me asaltan algunas dudas. ¿Son los mismos médic@s y enfermar@s los de ahora que a los que hace un mes perreábamos cuando acudíamos a un Centro de Salud porque teníamos que esperar media o una hora para que nos atendieran?
¿Son los mismos profesionales de Urgencias que criticábamos ante la espera de varias horas para recibir atención?
¿Son los mismos sanitarios de las U.H.D (Unidades Hospitalarias Domiciliarias) a los que molestábamos cada 10 minutos, llamando por teléfono, por que no venían a casa para atendernos?
¿Son los mismos conductores de ambulancias a los que recriminábamos por tardanzas inexplicables para nosotros?
¿Son los mismos profesionales que salían con bata blanca a la calle para defender la Sanidad Pública o a la puerta de los hospitales? Y a los que cuestionábamos porque son «funcionarios» protestando, y no entendíamos de qué protestaban si tenían trabajo fijo y seguro, los que lo tienen, claro.
¿O yo me he perdido algo? Ahora les aplaudimos, valoramos, alabamos y admiramos, que es muy justo. Han pasado de personas a convertirse en «Ángeles de la Guarda». Ellos son los mismos, nosotros no. A nosotros nos ha cambiado una pandemia mundial provocada por un «bicho» invisible que nos ha recordado que nada une más que la colectivización de la desgracia.
Sólo aspiro a que, una vez pase esto, volvamos a valorar, apreciar y comprender que es mejor andar por la vida con un poco más de empatía hacia los demás que exigiendo la perfección ajena. Pero me temo que no va a ser así.
Tal vez si guardáramos en un botecito sellado e irrompible unos «bichos» de estos y cuando vuelvan las costumbres del pasado, lo enseñáramos a quienes ya no recuerden el actual sufrimiento, sí que cambiarían las cosas de verdad.