¿Qué hago si mi hijo adolescente no quiere seguir estudiando?

Cuando un hijo decide que no quiere seguir estudiando, la mayoría de los padres se preocupan, creen que si no estudian no llegarán a nada en la vida y serán infelices. En España, la Ley determina la obligatoriedad de estudiar hasta los 16 años, así que, quieran o no, hasta esa edad deberán seguir haciéndolo.

 

 

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Pero, ¿realmente debemos preocuparnos tanto si deciden dejar de estudiar? En primer lugar, debemos tener claro que con la llegada de la adolescencia, llegan también momentos de confusión e inseguridad que hacen pensar a los jóvenes que dejar de estudiar será la solución a todos sus problemas (que ellos asumen como los peores del mundo). No debemos asustarnos ni agobiarnos cuando llegue ese momento.

 

 

En primer lugar, vamos a buscar las causas que le han llevado a tomar esa decisión y ver si podemos encontrar una solución conjuntamente. Cada caso tendrá una causa y, por tanto, una solución diferente. Probablemente a nosotros, profesores y padres, se nos hayan pasado por alto señales de que algo estaba ocurriendo con nuestro hijo o hija. Quizá esté sufriendo una mala racha en su vida social; puede que haya perdido la motivación por no sacar buenos resultados y no sentirse apoyado o comprendido; o simplemente que no tenga ganas de estudiar, porque no sienta la necesidad ni vea clara la finalidad y sus otros estímulos sean mucho más atractivos para ese momento de su vida.

 

 

Nuestro trabajo en esta etapa es vital, quizá el más importante de toda esta fase de su desarrollo porque es el que les encamina hacia la vida adulta y, además, el más complicado por su propio crecimiento. Es nuestra labor escucharles de verdad, una escucha activa, de la que tanto se habla, pero que es la verdaderamente eficaz, y, sobre todo, encontrar la manera para hacerles partícipes en la búsqueda de una solución. Porque, al fin y al cabo, se trata de ellos y de su vida. Y tanto ellos y ellas, como nosotros, debemos ser conscientes.

 

 

En ocasiones, un simple cambio de aires es suficiente para acabar con el problema. Cambio de centro escolar, de estudios. Podemos barajar opciones para su futuro inmediato distintas a lo que estén estudiando, ciclos formativos medios, superiores, escuelas taller o casas de oficios, por ejemplo. Lo que hasta ahora siempre entendimos como “lo normal”, en cuanto a educación se refiere, ya no vale. No hay que acabar el Bachiller e ir a Valencia u otra ciudad a estudiar cinco años de carrera, ciencias o letras…. El abanico que existe hoy en día es casi infinito, casi a la carta. Así que habrá que sentarse y estudiar todas las opciones. Y saber que esa elección, que parece inamovible y que va a marcar sus vidas para siempre, no lo es tanto.

 

 

Si a pesar de ofrecer estas opciones continúan aferrados a la idea de dejar los estudios quizá haya llegado el momento de mostrarles una dosis de realidad. Esto es, que conozcan el mercado laboral y las responsabilidades que conlleva la vida adulta: no se cobra hasta final de mes (y con su corta edad y la nula experiencia, el sueldo que le corresponderá) y hay que aprender a gestionar el dinero y repartirlo para pagar un alquiler, facturas varias, alimentos, teléfono, vehículo… y el largo etcétera que ya conocemos.

 

 

Podemos ir incluso más allá y pasar de la fase teórica a la práctica, es decir, que realmente se incorporen al mundo laboral durante un periodo de tiempo. Cuando llegue el momento del sueldo, habrán de contribuir a los gastos de la casa en su parte proporcional, alimentación, alquiler… Quizá así tomen nota y sean conscientes de que son demasiado jóvenes para querer hacer lo que tendrán que hacer el resto de sus vidas.

 

 

En definitiva, una buena orientación académica es clave para su futuro, y aunque desde los colegios trabajamos en esta dirección, los padres y madres pueden y deben reforzar este trabajo teniendo siempre en cuenta las habilidades, aptitudes y actitudes de cada niño y niña. Potenciar aquellas en las que destacan y reforzar las que más cuestan. Debemos entre todos ayudarles a encontrar aquello que les interesa y les motive a formarse y nunca forzarlos a estudiar lo que nosotros creemos que es mejor para ellos.

 

 

Pero no sólo de libros y aulas vive una persona. Cuantas más experiencias conozcan, del tipo de sean, y más amplio sea el abanico de opciones que barajan, más fácil será para ellos encontrar lo que realmente quieren hacer con su vida.

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