Entiendo como educación sanitaria el proceso que informa, motiva y ayuda a la población para adoptar y mantener prácticas y estilos de vida saludables. Con ella, se facilita al individuo a tomar decisiones autónomas y responsables, ofreciéndoles conocimientos y capacidades prácticas para resolver los problemas de salud. Por otro lado debe servir para educar en el buen uso de los medios sanitarios y no el abuso.
Con esta educación se consigue:
–Aumentar el nivel de conocimientos en la población en general, previniendo complicaciones derivadas del déficit de autocuidados. Esta educación se debe impartir por personal sanitario, con el apoyo de los medios de comunicación, autoridades sanitarias, gobiernos municipales como ya se está realizando en nuestra ciudad.
– Disminución de los reingresos de pacientes en los servicios de urgencias e incluso en servicios intrahospitalarios, con el consiguiente aumento del coste sanitario.
En la actualidad, nuestro sistema sanitario, todavía prestigiado en Europa, se empezó a deteriorar a pasos agigantados con el inicio de la crisis que soportaron la sanidad, la educación y los servicios de protección social, pensionistas, funcionarios y en definitiva, la clase media, y no así otros capítulos más específicos y mas fácilmente prescindibles.
En sanidad, los recortes afectaron, fundamentalmente, al personal, y ante la precariedad del empleo y las retribuciones congeladas, muchos optaron por buscar remuneraciones dignas y estabilidad en el empleo, provocando la fuga de profesionales a otros países europeos.
Esta situación provocó el aumento de listas de espera insufribles, tanto en Atención Primaria como en Especializada, y ante la espera, el paciente acude a urgencias, donde sabe que , aquello que el sistema no le resuelve con rapidez, lo resolverán lo suficientemente rápido en esta área.
Según expertos consultados, los pacientes cada vez más exigen inmediatez incluso ante achaques muchas veces banales. Desde el año 2014 al 2018, las estadísticas disponibles nos muestran que el número de urgencias atendidas en el total de hospitales nacionales han aumentado un 9 %, mientras que la población española está prácticamente estancada y a la baja.
Pero además de ser los recortes los principales causantes del deterioro del sistema sanitario, la educación sanitaria también contribuye, a mejorar el buen funcionamiento y su defecto a empeorarlo. Saber valorar el estado de salud, no acudiendo a urgencias por procesos banales, que representan casi el 70% de los atendidos, acudir a las urgencias de centros de salud, que deben estar bien dotados.
Por lo tanto, si bien hay que exigir personal, medios y acabar con las listas de espera, también hay que responsabilizar a la población de que cuando se tiene fecha para ser atendido, si no se va a acudir, llamar para darse de baja, pues un 20% no acuden, aumentando las listas de espera por pérdida de turnos.
Quiero hacer referencia a una noticia aparecida en” “Redacción Médica”, que dice que “El foro económico mundial” y en base al estudio HEALT CAR-2019, da a España el título de mejor sanidad del mundo y es el país con mayor esperanza de vida, tras Singapur y Japón, y sigue diciendo que el índice de competividad es del 100%, junto con Singapur, Japón y Hong-Kong.
Estos resultados dados son triunfalistas y quiero hacer unas puntualizaciones y críticas, no del estudio que es sistemáticamente perfecto, pero las interpretaciones interesadas de ciertas personas.
De las 666 páginas del estudio e informe, en ningún momento se valida la calidad del sistema de salud de ningún país, ni lo compara con otros. El único motivo de tener 100 puntos en salud es porque la única característica evaluada es la esperanza de vida. Cierto es que el sistema sanitario es un factor de la esperanza de vida, aunque en este informe no se objetiva ninguna evidencia de ello, para poder confirmarlo y afirmarlo.
Por lo tanto, siendo un sistema de salud muy superior a casi todos, en los últimos 8-9 años ha ido a menos, por recortes, falta de personal, falta de medios, que ha producido un aumento de listas de espera y masificación de urgencias. Con medios y educación sanitaria, implicando al usuario, y dado que parece que se ha tocado fondo y se está iniciando la recuperación, al menos en algunas CCAA. Debemos mirar el futuro con esperanza si evitamos el neoliberalismo sanitario.