El ambiente se va serenando, día soleado con una expectativa inmejorable, mi nieto me ha dicho que me acompañará un rato esta mañana. Espero a que ladren las perras que son el aviso de que ha llegado.
Nieto Adolescente: Buenos días abuelo, aquí estoy.
Abuelo: No dudaba en verte, sé que cumples lo que dices.
NA: El otro día me dejaste algo desilusionado al darme cuenta de que las personas cambiamos las situaciones prostituyéndolas para dirigirlas hacia el beneficio propio.
A: Lo siento, pero no era mi intención. Creo que el conocimiento de la realidad es imprescindible dando lugar a que los planteamientos personales sean objetivos, y que las decisiones personales sean producto de la libertad que da el conocimiento, evitando influencias torticeras de aquellos que tienden con todos sus medios a modelar a la mayoría engañándoles, para que sin saberlo actúen en contra de sus intereses y a favor de aquellos.
NA: No obstante no deja de ser triste que se de lo que por otra parte es esperable.
A: Vas entendiendo lo de “El Gatopardo”. Antes imperaba el poder absoluto junto con el religioso, lo cual daba lugar a que una élite disfrutara de las ventajas económicas que conlleva el poder, y ahora cambia la élite pero no el sistema, unos pocos van a disfrutar de los medios económicos, que es lo que persiguen, pudiendo influir sobre la clase política persiguiendo que les favorezcan en sus intereses.
NA: Pero alguna forma habrá para poder modificar positivamente estas situaciones.
A: Yo no conozco otra que no sea favorecer la objetividad e independencia individual, y creo que solo se consigue con el conocimiento.
NA: Y ¿Qué tiene que ver todo lo anterior con el capitalismo actual?
A: Este se instala siguiendo la corriente liberal apoyándose en dos afirmaciones que ya hemo comentado, “el trabajo es el origen y fundamento de la propiedad” y “el individuo es un sujeto libre para tomar decisiones de forma autónoma”.
NA: Son afirmaciones que afianzan la libertad del individuo.
A: Pero en sí mismas contienen el engaño al no ser exactas ni existir la capacidad ambiental para su desarrollo.
NA: No lo veo claro.
A: Entienden que las propiedades (en especial, las de los medios de producción) son fruto del trabajo de cada cual, o sea quien más se esfuerza más tiene, y quien no tiene no se ha esforzado.
NA: Creo que eso es lo que debiera ser.
A: La primera falacia es utilizar este aforismo, que convence a la mayoría sin tener en cuenta ninguna otra circunstancia. No se trata de beneficiar al que no tiene iniciativas ni trabaja, si no poner a disposición general la posibilidad de estas prácticas.
NA: O sea contemplar las circunstancias que favorecen o impiden este desarrollo vital.
A: Sí. Pero ten en cuenta que en el capitalismo lo que es evidente es la desvinculación de la propiedad y el trabajo, ya que se da la apropiación, por parte del capitalista, del fruto del trabajo ajeno. Cuando el trabajador produce algo esto inmediatamente deja de pertenecerle para engrosar el patrimonio de quien no se ha implicado en el proceso de su producción, siendo el trabajador recompensado sólo parcialmente del valor producido. Si te das cuenta, en el capitalismo ocurre lo contrario de las bases que lo sustentan, o sea quien no trabaja posee y quien trabaja resulta desposeído.
NA: Creo que lo que dices es tendencioso, pues tiene que haber diferencias.
A: Completamente de acuerdo, tiene que haber una recompensa por el esfuerzo y la iniciativa, pero ten en cuenta que en este sistema la libertad también se ve conculcada, ya que la asimetría social que se produce entre quien tiene los medios de producción y quien solo posee su fuerza de trabajo hace que sea imposible colocarlos en un mismo plano por lo que la libertad va verse limitada en el plano económico.
NA: La verdad es que hoy estoy un poco liado, tendré que analizar lo que has dicho intentando entenderlo.
A: Me encanta que no tragues con ruedas de molino, solo te añadiría que una corriente que aparece para ayudar a la mayoría se va degradando, de forma interesada en su desarrollo, favoreciendo a una minoría. Ya hablamos.