Décimo quinto día del confinavirus y durante todo este tiempo he tenido, como todos, mucho tiempo para reflexionar. Los acontecimientos van por delante de nuestros esquemas mentales y eso nos desconcierta. Hemos pasado del aviso, a la alarma y de ahí a la frustración que produce tristeza.
Pero como me he vuelto militante del positivismo, no voy a abundar en lo catastrófico y sí en consecuencias que pueden mejorar nuestro presente y nuestro futuro. Quiero pintar la vida de color esperanza sin caer en el optimismo irresponsable. Las personas nos pasamos la vida superando obstáculos, la felicidad nunca puede ser un estado permanente pero si un momento que reconforta y nos permite seguir adelante.
Hemos descubierto que aquella frase tan manida y repetida: ”Hasta luego y salud que tengamos” no era vacua, era verdad. La sanidad y sus profesionales se han puesto en el primer lugar de nuestra lista preferencias, pero siempre han estado ahí y de ahora en adelante lo valoraremos más y con ello lucharemos por mejorarla y defenderla. Esto vale para todas aquellas personas que con sus miedos han de pisar la calle ahora para ejercitar su trabajo día a día, tragar saliva y guardar sus miedos en la mochila.
Hemos aprendido a valorar la amistad, la necesidad del ser humano de relacionarse más allá de sus cuatro paredes que marcan la intimidad. Que muchas veces nos alejamos de las otras personas por tonterías que seguro ahora nos lo parecen pero antes provocaron hilaridad y enfado. Pero también estamos aprendiendo a valorar más y mejor a quienes comparten nuestras vidas. Nos ayudamos y si me permiten nos queremos más y seguramente permanecerá ese sentimiento cuando esto pase y eso es positivo.
Hemos aprendido a relativizar mucho más las cosas materiales porque nos damos cuenta de que hay muchas superfluas, impuestas por la desbocada sociedad de consumo. Y nos servirá para pensar si lo estábamos haciendo bien, que es buena cosa.
Hemos aprendido que las redes sociales pueden ser buenas, si se les da un buen uso. Nos ayudan a empatizar, llenar horas de soledad, alegrar la cara con una sonrisa o incluso una risa. Para detectar y bloquear mentiras y personajes funestos. Mensajes tremendistas y holocausticos en tiempos de zozobra. Y la consecuencia es darle una oportunidad al optimismo en presente porque esto pasará.
Hemos aprendido que cada cual tiene sus opiniones y todas son respetables siempre que no quebranten unos principios inalienables y consustanciales del ser humano: libertad, igualdad, fraternidad y justicia.
Quien practique los valores contrarios debería ser reprobado y confinado al ostracismo social sin ambages. Y eso será positivo si redunda en una sociedad basada en valores más allá del egoísmo, el egocentrismo y la banalidad material.
Ya sé que todo lo escrito parece propio de un mundo feliz e inalcanzable. Pues no es así ,si te conviertes en militante del positivismo. Otro mundo es posible. A por él…