¿Días aislados o días aprovechados?

 

 

Llevamos ya unos cuantos días aislados, confinados o como queramos llamarlo. Yo prefiero no contar porque así no vivo con la ansiedad de saber los que han pasado y los que faltan, pero creo que además de aislarnos físicamente es un ejercicio muy sano aislar también la mente de todo aquello que solo puede generarnos miedo, bastante grave es la situación que estamos viviendo como para que encima aparezcan en redes sociales miles, sí, miles de videos, consejos y noticias que, en el caso de que sean ciertas,  solo nos cuentan lo malo o lo muy malo. Yo, como todos, estoy preocupada pues de lo contrario sería una inconsciente, pero no solo me preocupa esto.

 

 

Esto días nos servirán a muchos para leer, pensar, arreglar aquel armario que siempre queda para el final, probar nuevas recetas al cocinar (porque digo yo que se tendrá que consumir lo comprado antes de que caduque ¿no?), y sobre todo tendremos tiempo para llamar a los amigos. El aislamiento social no quiere decir que no podamos interesarnos por la gente que queremos, y de verdad que una llamada es mejor que un mensaje con una carita sonriendo. Que sí, que las caritas están muy bien pero nada que ver con la voz de un amigo.

 

 

Y hablando de amigos,  la mayoría tenemos un montón de ellos en facebook, instagram, seguidores en twiter… y aunque es una amistad virtual y ahora nos puede hacer mucho bien, también es cierto que en momentos como estos los que que todos andamos con las defensas más bajas y emocionalmente más tocados, nos puede servir para fijarnos en comentarios y tratar de conocer más al otro, al que da una opinión o hace un comentario.

 

 

Ya hace unos días que le voy dando vueltas a bloquear en las redes sociales a todos aquellos que, como he dicho, solo nos transmiten las noticias peores pero sobre todo a los que desde una pantalla de móvil o de ordenador faltan el respeto a las opiniones, a los prepotentes que creen saber más que nadie, a los que predican solidaridad pero se esconden cuando les llama un amigo y a los que ahora aplauden a la sanidad pública cuando hace poco su Biblia era Adam Smith (por citar a alguno) y cuando pase esto volverá a serlo. Agarrados a esa Biblia viven aunque militen por otras bibliotecas.

 

 

Cuando esto acabe, que acabará, conviene que no caigamos en un Alzheimer colectivo y que recordemos las experiencias que ahora hemos vivido no para torturarnos con el recuerdo, sino para aprender de lo experimentado, para darnos cuenta de que las políticas neoliberales no nos han hecho inmunes a la enfermedad, que lo público, si no lo desvalijan, es más eficaz qué lo privado aunque solo sea porque llega a muchas más personas.

 

 

Los profesionales de la sanidad pública a la que ahora aplauden unos y otros siempre están a la altura, no solo ahora que el miedo nos mueve a ser agradecidos. Y el miedo también lo están viviendo los que se sienten superiores porque también a ellos puede alcanzarles el maldito virus.

 

 

Esta enfermedad se controlará, pero ¿cómo pararemos los sentimientos que puede generar el miedo?. ¿Seguiremos siendo solidarios y agradecidos?  ¿Seguiremos pensando que los mayores son/somos personas vulnerables? De verdad que me gustaría equivocarme pero creo que no. Los prepotentes, los que se creen en posesión de la verdad que, para más inri coinciden con los que tienen el dinero, seguirán desde su sillón despreciando opiniones, lanzando proclamas e infravalorando a todos aquellos que son o ven como diferentes, llamando Gasto Social a lo que se debiera llamar inversión.

 

 

Yo, que afortunadamente no soy experta en economía, se que gasto es poner muchas lucecitas en Navidad y considero una inversión satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos. Esta gente de Biblias neoliberales se habrá vacunado contra el virus pero hay otros “bichos” que no admiten vacunas y es que, como me comento un amigo “hay quien tiene alma y hay quien no la ha tenido nunca”.

 

 

Gil de Biedma termina su poema “No volveré a ser joven” escribiendo: “es el único escenario de la obra” y como actores de ella deberíamos representar dignamente el papel sin caer en histrionismos. No minimicemos esta pandemia ni pensemos que cuando todo vuelva a la normalidad estaremos a salvo porque, probablemente, la normalidad sea otra, pero tampoco vivamos expandiendo angustia o miedo. Aunque ahora tengamos nublado el entendimiento, las emociones a flor de piel y los afectos en tiempo de espera tendremos que encontrar el equilibrio y ahora tenemos tiempo para hacerlo, porque a diferencia del dinero el tiempo no puede ahorrarse y ese tiempo nos ofrece a todos las mismas oportunidades porque todos tenemos los mismos minutos.

 

 

Y una cosa más: por supuesto, quiero en mis redes sociales personas que transmitan sentimientos que en estos días serán contradictorios, pero seguro que también habrá optimismo. Y los que es mejor… habrá humor y sonreiremos

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