Breadcumbing, ghosting y otros ‘-ing’ a evitar

Todos estamos de acuerdo en que la etapa de la adolescencia es dura. Pero no hablo de lo difícil que puede llegar a ser para los padres de hijos adolescentes, para eso necesitaríamos un manual entero. Hablo de lo cruel que puede llegar a ser para los propios adolescentes. O es que vosotros, padres de hijos adolescentes, ¿habéis olvidado vuestros 15, 16 ó 17 y todos los graves problemas que teníais, o al menos os lo parecían?

 

 

Ser adolescente no es fácil, eso no es discutible, y menos en la situación que estamos viviendo. Si a los cambios físicos, emocionales e inseguridades que sienten, le añadimos la imposibilidad de relacionarse con sus compañeros y amigos de manera natural, como lo harían si no hubieran entrado en nuestras vidas un virus, la mascarilla y la distancia social, efectivamente, se hace harto complicado ser adolescente.

 

 

La manera de ligar y conocer gente que nosotros, los adultos, conocemos, está más que obsoleta. Ya nadie va a una discoteca a buscar pareja o se acerca a la persona que le gusta y le pregunta cómo está. Si esto se lo cuento a mis hijos, mueren de la vergüenza ajena seguro. Hoy en día, a priori, parecen tenerlo más fácil. Se comunican a través de las redes sociales, mediante mensajes o ‘likes’, por lo que si te rechazan, ya no tienes que pasar el trago de volver al sitio en el que estabas con tu grupo con cara gacha. Más fácil, puede. Pero absolutamente impersonal, también.

 

 

La comunicación a través de un mensaje en cualquier app o red social puede llevar a confusión y malentendidos. ¿Quién no ha recibido un whatsapp y ha puesto una entonación concreta, que no siempre era la que pretendía transmitir el remitente? Hablemos cara a cara, como hemos hecho toda la vida, y seguro que nos ahorramos más de un disgusto. Al fin y al cabo, fue la capacidad del pensamiento y el habla la que permitió al ser humano evolucionar. Disfrutemos, pues, del gozo de la conversación.

 

 

A lo que íbamos. Los adolescentes ligan a través de sus redes sociales, y esto entraña un peligro importantísimo. Como madres y padres, todos sabemos lo importante que es comunicarnos con nuestros adolescentes y que sepan que estamos ahí para lo que necesiten. Pero para conseguirlo, para conectar de verdad con ellos, hay que estar al día con todas esas palabrejas que, por nuestra edad, desconocemos, y para ayudaros en esta tarea sirva este artículo. Por supuesto, el inglés es la gran lengua creadora de términos que nuestros jóvenes incorporan a su día a día.

 

 

Imagino que sabéis, y si no ya os lo cuento yo, que ahora, la primera fase del ligue es “hablar”. Juan y María están hablando. ¿Eso qué significa? Pues básicamente que pasan horas contándose sus cosas a través de mensajes, sobre todo, por Instagram. Después de un tiempo, en el que incluso llegan a hablar de sentimientos y de las ganas que tienen de estar juntos -a pesar de que luego se ven por la calle y casi ni se miran- quedan un día, y por fin, empiezan a salir. A partir de ahí, ya sí como se ha hecho toda la vida. Días mejores, días peores. Hoy te quiero más que a nadie y mañana me peleo contigo. Y es ahí donde puede empezar el peligro, porque ahora manejan unas herramientas que antes no existían que, igual que han facilitado esa relación, la pueden destruir. Y con ella, a la otra persona.

 

 

 

Aquí os dejo la lista de algunas de las palabrejas que prometía en el párrafo anterior:

 

 

Breadcrumbing: Del inglés, migas de pan. ¿Lo adivinas? Esto sucede cuando uno de los miembros de la pareja, o expareja, da al otro (que entendemos que aún está enamorado) pequeñas dosis de atención para que sepa que está ahí, dando esperanzas a que la relación pueda ir a más aún sabiendo que nunca avanzará. Un like a una foto de Instagram, un mensaje, pero, sin llegar a comprometerse nunca. Esto impide que sigamos con nuestra vida porque siempre queda la esperanza de que la persona que queremos, vuelva.

 

 

Cushioning: Uno practica ‘cushioning’ cuando, a pesar de mantener una relación, tiene varios ‘cushions’ (almohadones) que son personas con las que flirtear de vez en cuando y que servirán como cojín cuando la relación termine.

 

 

Ghosting: Uno de los miembros de la pareja acaba la relación de repente y sin dar ninguna explicación. Acaban los mensajes, los comentarios en los posts o los likes, en principio, sin razón aparente.

 

 

Benching: ¿Te suena la palabra ‘bench’ en inglés? Pues eso, quedarse en el banquillo. Cuando uno está preparado para iniciar una relación pero el otro no y, aún así, no deja de hablar o mandar mensajes, lo que impide al otro seguir adelante y “a otra cosa mariposa”.

 

 

Orbiting: Tras una relación, la persona que la ha terminado continúa “en órbita”, viendo las historias de Instagram o retuiteando mensajes de la persona abandonada, pero nunca contestando a sus mensajes directos (DM). Vamos, lo que viene siendo “ni come ni deja comer”.

 

 

 

Todas estas prácticas pueden llegar a ser muy crueles, y evidentemente no son exclusivas de los adolescentes. Pero precisamente por ser adolescentes, carecen de la madurez suficiente como para saber gestionar correctamente esa clase de situaciones. Y ahí es donde nosotros, en la medida que nos dejen, podemos entrar en acción y ayudarles. Pero recordad, a menos que os pidan una sesión ‘remember’ de vuestra juventud, nunca les contéis lo de la discoteca y el ¿“estudias o trabajas?”, que eso da mucho lache!!

  

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