Abril

 

 

Hoy, 15 de abril, sigo aprendiendo cosas nuevas. Y es que un mes y un día confinados y socialmente aislados (qué miedo me da que el concepto de aislamiento social se instale ahora para quedarse más tarde), dan para pensar mucho.

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También es cierto que nuestros pensamientos y sentimientos van como en un tiovivo, dan vueltas sin parar y es difícil detener la rueda para atrapar una idea y retenerla con claridad. No sabemos cuando volveremos a la «normalidad», aunque estamos empezando a pensar que lo «normal» no era tan bueno; pero nos sentíamos más o menos seguros.

 

 

Ahora no, ahora nos sentimos frágiles y envueltos en la incertidumbre y las dudas no son buenas… He aprendido que salir a la calle a reclamar más o mejores servicios no es suficiente y que nuestras actitudes personales pueden influir para obtener, o como mínimo mantener,  lo que habíamos reclamado. 

 

 

El Estado de Bienestar puede quedar muy mermado porque muchas personas van a estar sin trabajo, y los servicios públicos que hemos defendido no sé si podrán llegar a todo, los mayores seguiremos molestando y… no sigo por este camino porque el pesimismo no es lo mío. En fin, siempre nos quedarán las donaciones de los y las que puedan hacerlas. ¡Hay que fastidiarse! Siempre pagando impuestos para tener buenos servicios y, cuando llegan mal dadas, lo que importa es saber coser mascarillas.

 

 

Para que se nos tenga en cuenta y se nos oiga nos quedarán dos herramientas: el VOTO (si no nos lo quitan), y el CONSUMO que sí que les interesa. Y esto es lo bueno, tanto tiempo encerrados en casa nos ha hecho ver que no todo lo que consumíamos era necesario y que podemos vivir e incluso ser felices con mucho menos. Por necesidad, hemos adquirido hábitos que solo un mes atrás no teníamos, reciclamos más, racionalizamos el consumo de luz o de alimentos (el móvil que no nos lo toquen) y ya manejamos el concepto de Economía Circular.

 

 

Si cada uno de nosotros seguimos manteniendo conductas firmes, responsables y solidarias, será mucho más difícil que nos puedan manejar, aunque nada es descartable porque no son de fiar. (Hablo a nivel global).

 

 

Y, cuando salgamos de ésta, tendremos que volver a fijarnos en las otras pandemias, las que no parecen existir porque no nos tocan de cerca pero que siguen ahí. Valga como ejemplo los más de quince mil migrantes muertos en el Mediterráneo, los refugiados que siguen hacinados en campamentos, la pobreza infantil, la brecha salarial, la violencia de género y el acoso escolar.

 

 

Pero sobre todo habrá que luchar contra la pandemia del miedo y para eso la única vacuna esta en nuestras manos y en nuestra actitud, racionalizando y pensando siempre que cuanto más RESPONSABLE y SOLIDARIA sea mi conducta más favoreceré al que esté a mi lado.

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