El pasado domingo, la Asamblea de la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto volvió a votar sobre si las mujeres podían o no participar en la cofradía, fundada en 1492. La respuesta de la Asamblea fue favorable, por 153 votos de diferencia, al mantenimiento de las directrices y la voluntad de los patronos fundacionales.
Desde hace años, grupos de izquierdas vienen atormentando la Semana Santa de Sagunto, manifestando una supuesta discriminación de la mujer al negarle participar en las celebraciones y decisiones de la cofradía. Sus manifestaciones son poco evangélicas, y no todos los que se manifiestan son de Sagunto; sus grupos aumentan reforzados por gente del Puerto de Sagunto y de pueblos de alrededor, como Los Valles o La Baronía. Son visibilizados por la prensa afín a su ideología y gozan del apoyo de sus respectivos partidos políticos, pues los portavoces de dichas manifestaciones han ostentado cargos en el PSOE, Compromís, Podemos, Sumar, Izquierda Unida, etc. Su característica común es vivir alejados de la vida de la Iglesia: no participan en la eucaristía semanal —no digamos la diaria— ni mucho menos colaboran con las parroquias saguntinas, ni tampoco con las de alrededor. Es más, han propiciado ataques constantes contra la fe y la vida de la Iglesia, contra sacerdotes (entre los que me incluyo) y contra obispos.
Con todo, queda claro que su interés por el bien de la Iglesia y de la cofradía es nulo. Detrás de estas manifestaciones hay una clara promoción de la ideología «woke» y un interés por señalar el supuesto “machismo” que existe en el seno de la Iglesia católica.
Hay que dejar claro que la garantía de la dignidad del hombre, así como la igualdad entre las personas, viene dada por la tradición judeocristiana. Ya en el libro del Génesis se constata una antropología que es garantía de progreso y de acuerdo entre la fe y la ciencia. El Señor, en los evangelios, no hace acepción de personas y confía a la mujer diversas tareas de vital importancia durante su ministerio. A la par, el apóstol Pablo nos dirá en sus cartas: “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28), o también: “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos” (Col 3, 11).
Por otra parte, el magisterio de la Iglesia ha sido muy clarificador con respecto a la igualdad entre las personas. Entre las manifestaciones más recientes están las del Concilio Vaticano II, en el que se dice: “Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan de Dios” (GS, 29), o también: “no existe desigualdad alguna en razón de estirpe o nacimiento, condición social o sexo… común es la dignidad de los miembros por su regeneración en Cristo” (LG, 32).
Asimismo, el Código de Derecho Canónico es claro en este sentido. En el canon 208 se expone: “por su regeneración en Cristo, se da entre todos los fieles una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, en virtud de la cual todos cooperan a la edificación del Cuerpo de Cristo”. Y en el canon 221 se garantiza que todos los fieles pueden reclamar y defender legítimamente sus derechos ante el fuero eclesiástico competente en condiciones de igualdad ante la ley.
A lo largo de la historia, toda manifestación de progreso ha salido del seno de la Iglesia. Mujeres como santa Mónica, santa Teresa de Jesús, santa Clara o santa Paula Montal han sido un signo preclaro y un avance para la asignación de derechos en su sociedad contemporánea. Baste decir que la persona más venerada en la Iglesia católica después del Señor es una mujer: la Virgen María.
Hay que añadir que las cofradías son asociaciones públicas de fieles, erigidas por el ordinario del lugar, y expresión de las tradiciones singulares en la vida y acción de la Iglesia (c. 215: “los fieles tienen derecho a fundar y dirigir libremente asociaciones para fines de caridad o de piedad, o para fomentar la vocación cristiana en el mundo”). Estas asociaciones no pueden ir contra derecho, como es obvio, y su máximo organismo de representación lo ostenta la Asamblea.
Con todo, vemos que la Iglesia ha sido pionera en el derecho de asociación y que, a través de dichas asociaciones, se ha dado voz a los fieles. Hay asociaciones de obispos, de clérigos, de diáconos, de jóvenes, de hombres, de mujeres, de niños, de ancianos, de jubilados, de viudas, de sacerdotes enfermos, de nobles, de trabajadores, de empresarios, de fieles de una determinada parroquia o lugar, etc. (quien quiera ampliar puede leer la «Rerum Novarum» de León XIII). Hay mucha diversidad en la tipología de asociaciones y es la Asamblea la que decide su futuro de forma democrática, por lo que la Iglesia ha sido pionera en la instauración y promoción de la democracia.
Es legítimo, y así lo ha manifestado el Arzobispado de Valencia, que haya diálogo entre todas las propuestas, pero, siempre que no se vaya contra derecho o no haya delito, no se puede intervenir. ¡Estaríamos ante una dictadura! ¿Y por qué no hay delito? Porque en la Iglesia, y gracias a la Iglesia en España, hay libertad de derecho de asociación.
¿Pueden las mujeres participar en la Cofradía de Sagunto? Si la Asamblea lo aprueba, pueden. ¿Pueden no participar? Si la Asamblea lo decide, también. ¿Pueden las mujeres de Sagunto fundar una cofradía? Pueden.
Lo que no es de recibo es que estos voceros de la izquierda intenten no respetar los ámbitos democráticos y los derechos asociativos de las gentes. ¿Por qué no se meten con las mezquitas? ¿Por qué no han actuado de la misma forma cuando las Fallas votaron, con una diferencia de 99 votos, que no haya fallero mayor en las comisiones? Sus palabras carecen de credibilidad cuando los hechos constatan otro interés: imponer la cultura «woke», dividir a la sociedad y crear cortinas de humo para esconder los problemas reales de los españoles: el acceso a la vivienda, la inmigración ilegal, la inflación o la proliferación de delitos en las calles.
Sería una discriminación si en el seno de la Iglesia se prohibiese o se promoviese una diferencia por sexos. Pero, por explicarme con un ejemplo, la asociación más antigua de Gandía es la Asociación Nuestra Señora de los Dolores, compuesta solo por mujeres, y a día de hoy no participan hombres. De hecho, los hombres crearon la hoy Real e Ilustre Hermandad Nuestra Señora de los Dolores; ambas siguen vigentes: en la primera no participan hombres; en la segunda, ambos sexos. Porque así lo ha decidido la Asamblea General, y no supone problema alguno.
Las consecuencias de esta cortina de humo «progre» han sido negar el título a la Semana Santa saguntina de Fiesta de Interés Turístico. No pasa nada; tal y como me han manifestado muchos cofrades: “votaremos a otros y entonces volverá el título”. Es la grandeza de la democracia. Pero también, para que una Semana Santa sea grande, necesita fe, necesita fidelidad, necesita evangelio; no necesita títulos ni pantomimas propagandísticas. Todavía estoy esperando a que me digan en qué mejora la fe y la identidad de los fieles la declaración de Interés Turístico, BIC, BRL, etc.
Así pues, la Semana Santa de Gandía lleva años supeditada al control de la cultura «progre»; por eso es puesta como referente en medios de comunicación afines al régimen. De hecho, este año hemos visto cómo una foto ridiculizaba nuestra fe, y esta fue premiada y difundida sin haber tenido consecuencias para la presidencia ni haber causado su dimisión. Tampoco ha habido una reprimenda de la autoridad eclesiástica, pues ahí sí se han vulnerado derechos y se ha atacado el honor de los fieles.
¿Alguien puede decirme qué pinta en todas las asambleas de Gandía la participación de un concejal-delegado? Se dirá que para gestiones con el Ayuntamiento. Pues bien, para las gestiones un concejal viene, escucha, responde y se va; pero es una incoherencia canónica y una intromisión en el desarrollo privado de las entidades que participe alguien cuando el propio Derecho canónico afirma que quien ostente cargos de dirección y responsabilidad en partidos políticos o sindicatos debe abstenerse de pertenecer a los órganos de dirección. Y ahí los tenemos, controlando y procurando que las voces discordantes con el régimen «woke» queden silenciadas o apartadas. ¡Delante del Señor sabe que digo la verdad!
Sería más democrático y libre si, ante las necesidades de una entidad, el concejal de turno apareciera, resolviera y se marchara. Al Ayuntamiento no le interesa lo que sucede en el corazón de una asociación independiente, como a la Semana Santa no le interesa lo que sucede en el interior de los partidos políticos y otras asociaciones.
En Sagunto han sido coherentes con su identidad y siguen los parámetros democráticos y eclesiales establecidos por el derecho. En Gandía hemos perdido nuestra identidad, y solo la voz de los asamblearios, el cambio de rumbo en la dirección y la voluntad de los fieles podrán cambiarlo. Rezo por ello y animo a que no tengamos miedo al nuevo martirio (ser perseguidos por estos grupos dictatoriales), pues la Semana Santa ha sido una fuente de mi vocación sacerdotal.
Paco Llorens
Sacerdote y cofrade
