«Postureo» es una palabra relativamente nueva, nacida al calor de las redes sociales. Se trata de un término coloquial que define una actitud artificial o fingida. La RAE la incorporó a su diccionario en 2017 y la define como: “Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”.
Gandia celebrará el próximo fin de semana, 9 y 10 de mayo, las fiestas en honor a su patrona, la Mare de Déu dels Desamparats. Se trata de una celebración que se conmemora desde hace siglos el segundo domingo de mayo, al igual que en Valencia. De hecho, fue declarada patrona de la ciudad el 12 de mayo de 1882.
Con la llegada de la modernidad y el avance del secularismo, favorecido también por el laicismo, esta festividad sufrió un importante declive durante las décadas de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado. La participación en la novena disminuyó notablemente, al igual que la asistencia a la misa mayor y a la procesión.
Fue a partir de 1995, con la llegada del vicario parroquial, el sacerdote José Daniel García Mejías, cuando comenzó un trabajo constante para revitalizar la devoción a la Virgen. En 1997, una feligresa de la Colegiata sufragó los trajes de monaguillos y se recuperó la Escolanía de la Seu. Ocho chicos iniciamos entonces aquella aventura, que, en mi caso, marcaría profundamente mi vocación. No significa esto que antes no existieran monaguillos, sino que entonces comenzó a consolidarse una estructura más sólida, que favoreció una mayor conciencia sobre la importancia de participar en la vida parroquial.
Posteriormente, con Antonio Ferrando Martí como vicario parroquial, se produjo un notable auge juvenil gracias al movimiento Junior. Llegamos a ser 40 monitores. La formación recibida y el buen ambiente generado hicieron que muchos jóvenes sintiéramos también la responsabilidad de implicarnos activamente en las celebraciones del templo.
Tanto fue así que quisimos asumir el honor de portar a la Virgen. No entendíamos que personas desvinculadas de la vida parroquial habitual acudieran únicamente ese día para hacerlo. Recuerdo que algunos protestaron ante don Alberto Caselles, entonces abad de Gandia, quien respondió con acierto: “Demos gracias a Dios, que tenemos jóvenes que quieren llevar la Virgen”. Aquella respuesta dejó claro qué debía prevalecer: el bien pastoral y la participación auténtica.
El 25 de septiembre de 2005, con la llegada de Ángel Saneugenio i Puig como abad de la Colegiata, comenzó una nueva etapa de consolidación y fortalecimiento de esta festividad. Pese a críticas, tensiones y campañas de desprestigio impulsadas desde ciertos sectores ideológicos y mediáticos, el trabajo pastoral y organizativo siguió adelante.
Gracias a una estrategia de comunicación eficaz y a una labor constante, muchos de esos ataques fueron perdiendo fuerza. En estos últimos veinte años se ha dado estructura jurídica a la Asociación de la Mare de Déu dels Desamparats, ampliando además la participación a hombres, cuando anteriormente estaba reservada únicamente a mujeres. ¡Ojo! Esto no lo saca el programa Zoom de Àpunt, ni la prensa del establishment progre.
Asimismo, se han ennoblecido las celebraciones del novenario, se ha fomentado la participación infantil en la ofrenda, las Fallas han encontrado progresivamente su lugar dentro de la festividad y se han promovido iniciativas para enriquecer los actos, siempre con voluntad de mejora.
Hoy, la fiesta de la Mare de Déu vive un importante resurgir gracias al esfuerzo conjunto del abad Saneugenio, los sacerdotes del Cabildo, la Asociación de la Mare de Déu y un pueblo que, pese a intentos de manipulación, sigue demostrando su libertad y devoción.
Actualmente, la asociación cuenta con casi 400 miembros. Las celebraciones se desarrollan con normalidad, la misa de pontifical reúne a centenares de personas, y la procesión congrega a numerosos fieles que rezan y honran a la Virgen con fervor. Hay que tener en cuenta que una Colegiata llena son 500 personas, y ésta se llena en la misa de pontifical.
Además, en los últimos años se ha incorporado la Ronda a la Mare de Déu, gracias al grupo de danzas «Rebombori», enriqueciendo aún más la tradición.
Sin embargo, cuando todo parecía consolidado, surge un nuevo obstáculo: la coincidencia con la Fira del Motor. El año pasado, esta superposición afectó negativamente a varios actos religiosos, alterando una celebración centenaria por una deficiente planificación institucional.
Según se ha informado, tras los inconvenientes sufridos, se han mantenido reuniones y desde el Ayuntamiento se ha prometido que este año no habrá problemas. Pero la cuestión de fondo sigue siendo evidente: ¿debe una asociación centenaria y una festividad patronal histórica depender constantemente de ajustes externos para garantizar el normal desarrollo de sus actos?
Cabe preguntarse si determinadas declaraciones institucionales responden a un compromiso auténtico o simplemente a una forma de “postureo”.
Más vale que no haya nuevos problemas, especialmente teniendo en cuenta que cada cuatro años hay elecciones. Y, de cara al futuro, sería deseable que la Fira del Motor modificara sus fechas para no coincidir con la festividad de la patrona de Gandia.
Puede parecer una petición personal, pero refleja el sentir de muchos ciudadanos que desean preservar con dignidad una de las tradiciones más importantes de su ciudad.
Paco Llorens
Sacerdote
