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Vicent Pellicer y Rocher en un escrito enviado a los medios de comunicación informa que se han localizado dos pinturas inéditas del pintor del siglo XVIII José Camarón i Bononat, así como dos borradores de gran calidad que Pellicer atribuye a Vicente López, destinados a decorar una vuelta y una cúpula.
Haciendo un recuento de las obras de arte que se encuentran en las dependencias domésticas del personal religioso que ocupa de la iglesia de Santo Roc, el Director General del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural ha localizado una serie de pinturas de gran calidad entre las qué hay un par que se pueden atribuir al pintor Josep Camarón i Bononat (Segorbe, 1730/Valencia, 1803).
Se trata del ‘Anunciación a Santa Anna’ y de ‘Jesús entre los Doctores’. Ambas pinturas tienen unas medidas de 81’5 x 46 centímetros y presentan forma mixtilínia, a la moda de finales del siglo XVIII.
A pesar del oscurecido de las pinturas, se puede adivinar el dibujo firme y contundente de este pintor, el tratamiento clasicista de los cuerpos y de las ropas. El ángel de la escena del anuncio a Santa Anna muestra un cuerpo esbelto; su gesto trata de tranquilizar la santa, que arrodillada, de perfil en tres cuartos, junta las manos y un poco trastornada dirige la mirada al rostro del ángel, el cual levanta el brazo derecho con un gesto de señalar ninguno el cielo.
Este ángel tiene su referente en la pintura más célebre de Camarón, conservada en el Museo Municipal de Madrid, Alegoría de Valencia y las Artes, donde en la parte superior derecha vemos una “fama” representada como un ángel, tocando un clarín, de anatomía y ropas que también podemos observar en el resto de personajes.
La otra pintura presenta a Jesús, en plena pubertad, en medio de la composición y centrando la pintura. Con el brazo derecho en alto y cruzado por ante él, hace un gesto propio de orador. Los doctores, ricamente ataviados se presentan casi de hombros al espectador. Tanto el rostro de Jesús cómo lo del ángel de la anterior pintura están dentro de la estilizada manera de representar los personajes, lo cual hace que Camarón sea el artista de más personalidad entre los maestros de la pintura valenciana de finales del siglo XVIII.
En cuanto a la existencia de obra suya en Gandia sabemos de la presencia de un lienzo sobre la Sagrada Familia que se encontraba en la ermita de Santo Anna de Gandia: AHG, Cofradías y ermitas, sig. AB/1874, Ermita de Santa Ana de Gandia. sus bienes propios y rentas, f. 8: “…Entre los efectos propios de la ermita merece especial mención un lienzo retablo de la Sagrada Familia, que data de 1786, debido al renombrado pintor segorbino Josef Camarón i Boronad…”
Camarón también dibujó la estampa con la cual se hace confeccionar el mejor grabado que se conoce del beato Andrés Hibernón. Así mismo, es posible que fuera el autor de una desaparecida pintura del mismo beato repartiendo pan a los pobres. En general, la obra de Camarón reflexa los disparos del barroco tradicional de finales del siglo XVIII y del incipiente estilo rococó. Una de las modalidades artísticas que más fama le dieron fue lo del paisaje.
Tanto así que, desde Madrid, y a través del embajador británico lord Keene, recibía encargos de la aristocracia inglesa. A partir de 1768, la Academia de Bellas Artes de Sant Carles se encargaba de dirigir las líneas estilísticas a seguir en la creación de la obra plástica en base a una moderación del uso de la variedad y del contraste, propios del lenguaje barroco que tenía que seguir una normativa para respetar la proporción, armonía, simetría, ritmo y claridad, sin olvidar, el toque delicado, suave, gracioso y elegante que todo artista de la Dirección general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural académico tenía que proyectar en sus obras.
Características que se observan en la mayor parte de los artistas valencianos de las últimas décadas del siglo XVIII entre los qué destaca José Camarón. «En las dependencias domésticas del ex-convento de Sant Roc de Gandia, hemos localizado -aclara Pellicer- dos esbozos preparatorios de dos pinturas al fresco destinadas a decorar el tramo de una vuelta -o el caparazón de un presbiterio- y la cúpula de una capilla de la Comunión».
En una de las pinturas se representa La Coronación de la Virgen Maria y en la otra, La Eucaristía, que aparece rodeada por una corte de querubines. La primera de ellas está pintada desde una perspectiva muy baja y en ella se ve a la Virgen Maria encima una nube sujetada a un lado y otro por dos ángeles y coronando la Virgen, la Santísima Trinidad se presenta en un plan más alejado.
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Por lo tanto, la perspectiva nos confirma que su destino era lo de decorar el techo de una vuelta o de un caparazón. Tanto el dibujo, como el rostros y actitudes así como el tratamiento cromático de la composición nos recuerdan al pintor que marcaba el contrapunto a la genialidad de Goya, es decir, Vicent López Portaña.
Esta pintura preparatoria cómo otras, realizadas del mismo pintor, tienen una gran influencia del pintor italiano Luca Giordano y nos remiten a los frescos de la Casa Vestuari, a los de la capilla del Beato Nicolau Factor o al de la capilla de la Comunión de la iglesia del Salvador, todas ellas en Valencia.
Concretamente, el borrador que ahora presentamos, -comenta Pellicer- totalmente inédito en la historiografía del arte de la pintura valenciana es muy similar a la pintura al fresco del presbiterio de la iglesia parroquial de Silla y de su borrador del museo Lázaro Galdiano de Madrid.
La figura de Vicent López ha sido estudiada en profundidad por numerosos autores. Fue un artista admirado y respetado por un amplio sector de la sociedad de su tiempo. Trabajó en la Corte, pues era el pintor de cámara del rey.
López supo ganarse las simpatías de la nobleza y el alta aristocracia madrileña de la cual hizo numerosos retratos. Los temas religiosos están tratados con un alto grado de idealización que, además, no abandona las composiciones barrocas de su época más álgida. En este caso, como en otros ejemplos suyos, la Virgen aparece con los brazos abiertos, ascendiente cabe el cielo, rodeada de nubes donde aparecen bellísimos ángeles en las más osadas posturas, en pleno quiere y con ropas de coloridos pastel, hábilmente combinados.
En la parroquia de Guardamar se conservaba una imagen de la Virgen con el Niño al brazo, el Espíritu Santo y Sant Joanet que recibía el advocación de Nuestra Señora del Buen Suceso. De ella queda el referente de un grabado realizado por Francesc Jordan basado en un dibujo de Vicent López.
Esta costumbre ayudaba a fomentar la devoción de las imágenes más populares y las que ejercían el patronazgo de pueblos y ciudades. Por otro lado, producto de la desamortización del monasterio de Santa Maria de la Valldigna, en el Museo de Bellas Artes de Valencia, se conserva una pintura al aceite representando El Buen Pastor. Tiene la forma de haber servido como puerta de sagrario.
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Jesús presenta el físico de un hombre joven rubio y con las manos sujeta un cordero que trae al cuello. Un físico muy parecido al de este Jesús pero, de más madurez, es el de un Sant Josep con el Niño, también atribuido a Vicent López de la colección de los pares escolapios de Gandia.
Con este hallazgo, Gandia se congratula y voz ampliada la gran colección de su fondo artístico con la localización e identificación de unas obras de gran valor artístico producto de dos de los pintores más exitosos de los siglos XVIII y principios del XIX como fueron José Camarón y Vicent López.
