Miguel Parra López, licenciado en Ciencias Ambientales por la UPV de Gandia, presentará mañana jueves, 14 de enero, los resultados de su ‘Investigación sobre la tendencia de compuestos plaguicidas y de nitratos en el río Serpis‘. La actividad, organizada por el Centre de Desnvolupament Rural La Safor, se celebrará en el FP La Safor de Beniarjó a las 19 horas. Las plazas son limitadas y se requiere inscripción previa (aquí).
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En su exposición, Parra relatará el trabajo de campo y laboratorio llevado a cabo durante meses el año pasado, en el que se analizaron muestras de agua y de peces en diferentes puntos del cauce, para comprobar a qué niveles llega la concentración de esos productos químicos, mayoritariamente procedentes de los usos agrícolas.
El uso de plaguicidas y fertilizantes en agricultura, unido al desarrollo de las técnicas de trabajo, ha conseguido incrementar notablemente la producción y la rentabilidad del campo en las últimas décadas. Sin embargo, la mayoría de estos compuestos químicos tienen una repercusión sobre la salud humana y la calidad ambiental de los recursos hídricos. Actualmente, la gran variedad de estos compuestos y su facilidad para llegar a las masas de agua, superficiales y subterráneas, complica la detección de su presencia, abundancia y consecuente impacto en los ecosistemas.
Ante esta situación, Miguel Parra ha investigado con el objetivo conocer la distribución espacial y temporal de los plaguicidas y nitratos en el agua y su bioacumulación en la fauna piscícola del río Serpis en la Safor durante el primer semestre de 2020. Para ello, se realizaron varias campañas con toma de medidas in situ y recogieron muestras de agua en varios puntos en un recorrido de 20 kilómetros, entre los municipios de Villalonga y Gandia, partiendo de la hipótesis inicial de que tanto plaguicidas como nitratos procederían de los cultivos de cítricos que bordean los márgenes del río, bien por infiltración en el suelo o directamente mediante pulverización.
Los análisis revelaron una tendencia creciente en la concentración de nitratos hacia la desembocadura del río, por las nuevas prácticas agrícolas y los episodios de lluvias que arrastran los materiales, aunque dichos valores están por debajo de los límites legales permitidos.
Cabe destacar la detección de mercurio en todos los peces analizados, aunque también por debajo del umbral legal máximo permitido para dicho compuesto. El patrón confirmado apuntaría a que la fuente podría estar en un punto superior a Villalonga, por ejemplo, los sedimentos acumulados en el embalse de Beniarrés. En este sentido, “la administración pública debería tomar muestras de dichos sedimentos y hacer públicos los resultados, dada la peligrosidad del mercurio para la salud humana y el medio ambiente”, afirma el ambientólogo.
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Si bien las concentraciones de nitratos han resultado aceptables, la elevada proliferación de algas en ciertas épocas del año sugiere que nitratos y temperatura juegan un papel importante, y que una parte importante de los nitratos no se detectan en el agua porque son asimilados por las algas para su desarrollo. Por ello, “sería recomendable ampliar estos estudios para analizar la concentración de plaguicidas y nitratos en un marco espaciotemporal más amplio, así como fomentar la puesta en marcha de medidas basadas en la naturaleza, que reduzcan la llegada de estos compuestos al Serpis y a sus ecosistemas asociados”.
RECOMENDACIONES DE GESTIÓN Y MEJORA
La determinación de las zonas más afectadas por fertilizantes y plaguicidas lleva a recomendaciones para reducir su entrada en las aguas. Una medida general podría ser la mejora de la conectividad fluvial, ya que cuando se producen crecidas, la posterior recolonización por invertebrados y peces puede quedar negativamente afectada. Teniendo en cuenta la necesidad de migración de dichas especies, podría suponer una mejora relevante en las poblaciones de peces en la comarca, y un considerable aumento de la resiliencia de sus poblaciones, es decir su capacidad de recuperación ante eventos extremos, como sequías e inundaciones.
El investigador recuerda que uno de los objetivos prioritarios de las políticas agrícolas debería ser el desarrollo de estrategias que minimicen el impacto de los plaguicidas y fertilizantes mediante una mejor formación e información sobre su correcto uso. “Unas prácticas agrícolas más sostenibles, como por ejemplo el control estricto de las concentraciones aplicadas de plaguicidas, conllevan un menor impacto económico y ambiental, contribuyendo a la preservación de los ecosistemas acuáticos y de su entorno”, concluye.
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Otras medidas tienen que ver con aumentar la capacidad de autodepuración natural del río, reducir el acceso de químicos al agua mediante la modificación de la escorrentía superficial, y su protección mediante la recuperación de la vegetación de ribera nativa. En el caso concreto del Serpis, estas franjas han sido destruidas, degradadas o sustituidas por otras formaciones invasoras, como los cañaverales.
Los bajos datos de nitratos observados coinciden con los resultados obtenidos en una investigación paralela desarrollada por COCEDER y el CDR la Safor, dentro del mismo programa de investigación científico-técnica de carácter medioambiental, pero centrada en la calidad de las aguas subterráneas. El análisis de las muestras en seis pozos de la Safor indicó valores de nitratos ligeramente superiores en la zona de mayor intensificación agrícola de la comarca (pozo Masalari, Tavernes de la Valldigna: 7.2 mg/L), pero lejos de los valores máximos permitidos. El resto de pozos analizados mostraron valores inferiores de nitratos y ausencia de plaguicidas.
Otra investigación reciente, presentada también en el CDR y llevada a cabo por la doctora en Ciencias Ambientales Virginia Garófano, revelaba que el 75% de la vegetación tiene calidad regular, mala o pésima.
