El CDR la Safor ha presentado en la escuela de FP de Beniarjó la extensa investigación sobre vegetación del río Serpis que ha realizado la doctora en Ciencias Ambientales Virginia Garófano. Las peculiaridades hidrológicas del río Serpis, coincidentes con un carácter mediterráneo acentuado, unidas a la singularidad geomorfológica del territorio por el que discurre, determinan la configuración potencial de su bosque de ribera. Sin embargo, las actividades humanas en las inmediaciones del espacio fluvial han dado lugar a un deterioro en su estado de conservación general y en la calidad de sus formaciones de ribera en particular, hecho que es claramente identificado por una gran parte de la ciudadanía.
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Los bosques y matorrales de ribera forman parte de los hábitats de interés comunitario y, por tanto, están incluidos en la ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. A pesar de que aportan valiosos servicios ecosistémicos, su estado de conservación se encuentra amenazado por múltiples presiones e impactos, entre los que destacan los usos del suelo, la invasión de especies exóticas o el cambio climático.
Esta investigación se enmarca en la línea de investigación científico-técnica “Conocimiento y Defensa de la Biodiversidad” del Programa de Investigación Medio Ambiental IRPF 2019 de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (COCEDER) y pretende dar continuidad a los estudios previos sobre el ecosistema fluvial del río Serpis, aportando nuevos conocimientos con implicaciones prácticas a nivel local y comarcal.
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El objetivo del estudio fue caracterizar funcionalmente las riberas del río Serpis a lo largo de un gradiente longitudinal de unos 40 km, desde el embalse de Beniarrés (Beniarrés, el Comtat, Alicante) hasta la desembocadura del río en el mar Mediterráneo (Gandia). Para ello se realizaron visitas de campo a la zona de estudio y se recopilaron inventarios florísticos para documentar una decena de rasgos funcionales (morfológicos, foliares, de las semillas y ecológicos) de las especies presentes y calcular indicadores de diversidad vegetal y funcional.
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Además, se recopilaron datos sobre presiones e impactos, que fueron correlacionados con los datos de vegetación. Los resultados revelaron un empobrecimiento general de la vegetación, consistente en una reducción de especies autóctonas y, por contra, un aumento en la riqueza de exóticas. La primera gran conclusión es que los índices de estado ecológico revelan que el 75% de la longitud total del río presenta unas formaciones vegetales de ribera con una calidad regular, mala o pésima y que dicha calidad se reduce especialmente allí donde la presión antrópica sobre el espacio fluvial es más patente. Según la ciudadanía, la falta de un caudal permanente, la presencia de residuos y vertidos en el cauce, así como la presencia de especies invasoras son los principales problemas del río Serpis en la actualidad.
La segunda masa de agua, localizada en la zona conocida como Barranc de l’Infern o Racó del Duc (entre Lorcha y Villalonga), mostró la mayor riqueza y singularidad. En cambio, los tramos del curso bajo, aparte de ser más pobres en especies también mostraron ser menos uniformes, es decir, con unas pocas especies dominando sobre el resto.
Concretamente, el estudio explica con detalle que los efectos de la actividad humana varían según la zona, aunque se constata una alteración hidrológica en todos los tramos, tanto por proximidad a la presa de Beniarrés, como a azudes y otras infraestructuras de extracción de agua que modifican los caudales. La alteración tanto del cauce como de la ribera es mucho mayor a partir del tramo 13, a la altura del término municipal de Beniflà. Y la contaminación por residuos es mucho más extensiva en el tramo final de la desembocadura.
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El análisis sobre los usos del suelo resulta bastante clarificador en este punto: El primer tramo del río (plana de Lorcha) presenta usos forestales y agrícolas. A partir de ahí, en el cañón fluvial, predominaron los usos forestales. Entre Villalonga y Beniflà predominan los usos agrícolas. Y la sección final, en Gandia, prevalece la ocupación del espacio fluvial por usos urbanos.
Según los inventarios florísticos obtenidos, la riqueza vegetal de las riberas del Serpis, desde el embalse de Beniarrés hasta el mar, engloba un total de 117 especies. Sin embargo, varía mucho la concentración de estas especies dependiendo del punto de muestreo, que va desde las 21 en el término de Gandia, a las 55 en el nacimiento del río.
Tras el diagnóstico, Garófano propone algunas recomendaciones para el desarrollo de proyectos de restauración fluvial en la zona, que supondrían una mejora ambiental del espacio y repercutirían positivamente en los servicios ambientales que los ecosistemas de ribera pueden proporcionar a la ciudadanía y al territorio. A pesar de la importancia de los bosques de ribera para el bienestar del ser humano, «se encuentran amenazados por múltiples presiones humanas y gran parte de ellos han desaparecido o se encuentran deteriorados, por lo que urge una restauración de los mismos para recuperarlos tanto de afecciones locales como funcionales», explica la investigadora. Pero, recuerda, es importante tener en cuenta que, a la hora de seleccionar los tramos a restaurar, además de la viabilidad técnica y económica, también debe tenerse en cuenta su viabilidad social.
PROBLEMAS Y SOLUCIONES
Plantaciones y mejora de la vegetación
La plantación es la acción de rehabilitación más común en los proyectos de restauración porque permite incorporar especies autóctonas que han desaparecido, mejorar la continuidad longitudinal y conectividad lateral con los ecosistemas adyacentes, generar hábitat para otras especies, así como mejorar la cobertura, estructura y diversidad de la comunidad vegetal existente cuando esto no es posible conseguirlo mediante procesos naturales.
Eliminación y control de especies invasoras
Antes de realizar plantaciones es necesario eliminar y controlar las especies invasoras presentes en las riberas, lo cual también se considera una mejora de rehabilitación. Normalmente se trata de especies muy difíciles de erradicar y por ello, es necesario un esfuerzo mantenido en el tiempo para lograr controlarlas. En el río Serpis existen especies arbóreas invasivas como el ailanto (Ailanthus altissima) o el aromo (Acacia farnesiana), especies arbustivas como el ricino (Ricinus communis) o el gandul (Nicotiana glauca) y especies herbáceas como la ludwigia (Ludwigia grandiflora), la grama de agua (Paspalum distichum) o la bardana (Xanthium echinatum), entre otras. Sin embargo, la especie más destacable es la caña (Arundo donax) ya que a su facilidad de reproducción se le une su capacidad para ocupar zonas riparias alteradas. La elevada densidad de los cañaverales dificulta la coexistencia con otras especies, lo que genera importantes consecuencias en toda la cadena trófica. Además, se fractura en crecidas, es arrastrada y se acumula obstruyendo infraestrcuturas y provocando desbordamientos e inundaciones. Es altamente inflamable y consume mucha más agua que la vegetación autóctona.
Educación y sensibilización ambiental
Solo la educación y la sensibilización ambiental pueden hacer comprender a la ciudadanía cómo funciona un ecosistema fluvial y cuáles son los beneficios que aporta. Además, se trata de una labor importante, prioritaria y altamente factible que debe ejecutarse de manera permanente. Solo así se puede conseguir que la sociedad sepa reconocer los efectos negativos de determinadas actividades humanas en el medio, y pueda realizar demandas de restauración basadas en un conocimiento veraz del funcionamiento de los ríos.
Creación y mejora de hábitats
Los ecosistemas fluviales pueden albergar una gran diversidad de hábitats, pero éstos han desaparecido de muchos ríos debido a modificaciones de la morfología fluvial (por rectificaciones, construcción de represas, estabilización de orillas, etc.), lo cual ha afectado a numerosas especies de flora y fauna, que incluso se ven mermadas o reemplazadas por otras especies invasoras. La función que cumplen los bosques de ribera como hábitat, refugio y corredor ecológico para otras especies de fauna (aves, mamíferos, reptiles, anfibios e insectos) dependen de la continuidad y amplitud de los ecosistemas de ribera, así como de la diversidad vegetal que albergan.
Suelta de caudales funcionales
Contar con caudales hídricos naturales o equivalentes es fundamental para asegurar el buen estado de conservación de los ecosistemas riparios. Los caudales capaces de construir y diseñar un cauce corresponden a las crecidas ordinarias. Conservar o recuperar estos caudales es fundamental para el funcionamiento geomorfológico y ecológico del sistema fluvial. Una medida básica de restauración es por tanto recuperar estos caudales o reproducirlos con cierta periodicidad. En los ríos regulados, la solución pasa por desembalsar con las mismas pautas de una crecida natural. Es necesario planificar tanto la frecuencia de crecidas, como el volumen total de agua desembalsada y el momento adecuado, según la estacionalidad típica de las crecidas del río. La ejecución real de esta práctica es muy difícil a causa de los múltiples usos del agua. En el caso del Serpis, episodios de gota fría de gran magnitud han obligado al embalse de Beniarrés a desembalsar un volumen de agua con capacidad regeneradora, capaz de eliminar grandes zonas de cañaveral invasor.
Mejora de la continuidad y devolución de espacio al río
Europa es el continente con menos ríos sin fragmentar y España el primer país europeo con más embalses por persona, lo que tiene importantes consecuencias sobre la continuidad y los procesos fluviales. Las actuaciones de restauración pasan por el derribo o adecuación de todos los obstáculos. Tanto los obstáculos transversales (presas, azudes y vados) como los verticales (impermeabilización de lecho y vados) suponen una barrera para la migración de determinadas especies piscícolas (como los salmónidos o los anguílidos), que necesitan desplazarse para completar sus ciclos vitales. Para la vegetación, estos obstáculos suponen una barrera para el transporte de semillas.
Es posible comenzar a mejorar la continuidad estudiando el derribo de aquellos obstáculos obsoletos, carentes de uso, como antiguos usos hidroeléctricos o de abastecimiento agrícola abandonados y de pequeñas dimensiones, que en muchas ocasiones suelen estar colmatados y no cumplen su función. Los obstáculos laterales (diques y motas) hacen que las orillas no puedan modificarse libremente por la fuerza del agua y, por tanto, limitan los procesos de erosión y sedimentación.
