El respeto implica reconocer la dignidad, los derechos y el valor de los demás, incluso cuando existen diferencias de opinión, creencias o intereses. Es un principio esencial para la convivencia, el diálogo sereno, la tolerancia y la resolución pacífica de los conflictos.
En Gandía, concretamente, desde la llegada de José Manuel Prieto a la alcaldía, hemos realizado importantes esfuerzos para respetarnos mutuamente. Sin renunciar a nuestra identidad, hemos asumido nuestras responsabilidades y hemos sido capaces de alcanzar acuerdos que repercuten en beneficio de toda la sociedad.
Fruto de ese consenso han sido, por ejemplo, la ausencia de actos incívicos contra el templo de la Colegiata; el diálogo constante para evitar la coincidencia de distintos eventos, como la Feria del Motor y la festividad de la Mare de Déu dels Desemparats; la puesta en marcha de las visitas turísticas a la Seo gandiense; la celebración de actividades culturales en el interior de la Colegiata; y, como máximo exponente de esta colaboración, la restauración del campanario, que todos deseamos que sea visitable y en cuya consecución seguimos trabajando.
Sin embargo, no todas las voces ni todos los grupos se suman a esta dinámica de respeto y entendimiento. Durante la festividad del Corpus tuvimos que presenciar cómo un energúmeno decidió participar en la procesión portando un chaleco verde reivindicativo, pese a que la presidencia de la Asociación Balls del Corpus le había indicado expresamente que no lo hiciera. Según me han trasladado miembros de la directiva, incluso llegó a plantear que no participaría y que podría impedir que parte de la procesión contara con el acompañamiento musical previsto. En definitiva, utilizó una posición de influencia para imponer una reivindicación ajena al sentido de la celebración. Además, no fue un caso aislado, ya que también hubo otros participantes que aprovecharon la procesión para exhibir mensajes impropios de un acto de tan alta significación.
Cabe señalar que la festividad del Corpus ha experimentado una notable mejora respecto a años anteriores. Hoy contamos con una asociación que coordina toda la parte inicial de la procesión —que, por cierto, no recibe la denominación de «procesión cívica»—. Asimismo, la implicación de la Semana Santa, Cáritas y otras entidades, como las parroquias, la Adoración Nocturna o la Adoración Perpetua, resulta más que destacable. La Misa Mayor registra actualmente una asistencia cercana al 75 % del aforo de la Colegiata, cuando hace apenas dos años no alcanzaba el 30 %.
La procesión del Corpus Christi constituye una manifestación religiosa, cultural y patrimonial que trasciende las legítimas diferencias ideológicas presentes en la sociedad. Precisamente por ello, merece ser respetada en su significado y en su desarrollo.
Existen varias razones por las que los participantes no deberían portar enseñas o símbolos vinculados a reivindicaciones políticas. En primer lugar, porque alteran el sentido original del acto, que no ha sido concebido como un espacio de confrontación ideológica, sino como una celebración religiosa y tradicional, centrada en la unidad de los fieles en torno al Señor presente en la Eucaristía. En segundo lugar, porque la introducción de mensajes políticos puede generar división y confrontación en un evento que pretende reunir a personas de distintas sensibilidades en torno a un patrimonio común. Además, quienes acuden a la procesión tienen derecho a vivirla sin que se instrumentalice para fines ajenos a su naturaleza.
La democracia ofrece numerosos espacios para la expresión de opiniones y reivindicaciones políticas. Sin embargo, el respeto consiste también en reconocer que no todos los ámbitos son adecuados para cualquier mensaje. Preservar la neutralidad de los elementos tradicionales de la procesión no limita la libertad de expresión; simplemente protege la identidad y el carácter de una celebración que pertenece a toda la comunidad.
Si hubiera sido la Iglesia quien hubiese realizado algún pronunciamiento político, probablemente algunos de quienes hoy justifican estas actuaciones habrían afirmado que «la Iglesia no debe meterse en política». A este respecto, únicamente el Partido Popular emitió un comunicado, algo que considero acertado. No se trata de tener la piel fina, sino de defender aquello en lo que, desde hace años, muchos en Gandía venimos trabajando conjuntamente: el respeto mutuo.
Precisamente por esta falta de respeto, repetida en numerosas ocasiones por Compromís, decidí no participar en la presentación de la tarjeta turística «Visit Gandia». Conviene recordar que este partido votó en contra de la restauración del campanario, no suele participar en nuestras celebraciones religiosas y, además, ha mostrado simpatía hacia manifestaciones que considero fuera de lugar y ajenas al momento en que se produjeron.
De esta forma resulta difícil avanzar. Si queremos construir una sociedad más cohesionada, debemos empezar por respetarnos mutuamente y por fomentar un debate sano y constructivo que nos aleje de la polarización y nos acerque al entendimiento.
Yo les invito a no perder la capacidad de diálogo, a respetar la diversidad y, sin renunciar a su identidad, a saber, encontrar puntos de encuentro en beneficio del bien común. Sin embargo, cuando determinadas posiciones ideológicas, como es el caso del comunismo escondido en la capa del nacionalismo, se anteponen sistemáticamente al consenso, alcanzar esos acuerdos resulta mucho más difícil. Nosotros sí lo hemos conseguido con otras personas y colectivos, y los resultados están a la vista. Quizá, por tanto, no seamos nosotros quienes tengamos dificultades para entendernos.
Paco Llorens

Quien otorga carácter de «nuestro» a un acto de determinada religión? Acaso el evento es sufragado exclusivamente por la iglesia católica?La constitución establece la laicidad del estado y sin embargo seguimos dando un trato preferente a la iglesia católica ( profesorado pagado por todos y designado por el obispado, exención fiscal, IRPF..) Desean controlar sus celebraciones? Pues organicenlas y paguenlas ustedes.Aplaudo la educada muestra de protesta civil que llevó a cabo el músico en un evento público y pagado por todos, lástima que no hubiera protestas por los abusos de sus pederastas