En pleno centro de Gandia, Raconet Verd crece como ejemplo del valor del pequeño comercio. Al frente está Gracia Pérez, que lleva unos años dedicando cuerpo y energía a su herbolario, convencida de que otra manera de cuidar la salud —más natural, más humana— es posible. En un entorno cada vez más dominado por grandes superficies y ventas online, su proyecto demuestra que lo pequeño también tiene fuerza, sobre todo cuando hay implicación y coherencia.
En estos años, el negocio ha evolucionado paso a paso, sin prisas, pero con dirección. “Siempre digo que mientras vaya hacia delante, aunque sea poco a poco, está bien. No me he quedado estancada y eso me hace estar contenta”, asegura. Su objetivo a medio plazo es crecer, ampliar espacio y poder ofrecer más variedad de productos. Pero siempre con la misma filosofía: calidad, cercanía y asesoramiento personalizado.

Una de las decisiones que marcaron ese camino fue descartar la idea de lanzar una marca blanca. “Lo pensé al principio, pero no lo hice. La calidad baja y no quiero competir en precio. Si algún día tengo una marca propia, será con productos buenos, que realmente funcionen. Prefiero que la gente venga buscando calidad”.
Parte de ese compromiso se refleja también en la colaboración con una nutricionista colegiada. Para Gracia, no tiene sentido vender suplementos sin acompañarlos de un enfoque global. “La alimentación es la mejor medicina. Si el cliente sale de aquí con una pauta adecuada y además incorpora suplementos de calidad, los resultados se notan mucho más”. Por eso insiste en contar con una profesional cualificada, capaz de adaptar dietas a cada persona, incluso cuando hay patologías de por medio.

La selección de productos en Raconet Verd sigue esa misma lógica: calidad por encima de todo. En el caso de la alimentación, Gracia apuesta por productos ecológicos. En suplementación, se fija tanto en el origen de los ingredientes como en su concentración. “Que el producto sea bueno está bien, pero también debe tener la dosis adecuada para que funcione de verdad”, explica.
El auge del interés por la salud natural también ha tenido un impacto. “Ha cambiado mucho este mundo. La información que circula ayuda a que la gente se interese más. Aunque a veces esté desordenada o no sea rigurosa, si despierta curiosidad, ya es positivo. Al final, esto ha crecido porque hubo emprendedores que apostaron por ello desde el principio. Y en Gandia, los primeros herbolarios que abrieron fueron claves”.
El canal online, sin embargo, sigue siendo complicado. “La tienda digital hay que tenerla, pero sé que no es mi herramienta principal. La gente quiere atención, quiere sentirse escuchada. Por mucho que lean, siguen buscando a alguien que les dé seguridad”. Aun así, no descarta ampliar su alcance a otros lugares a través de la tecnología: “Una videollamada puede mantener la atención personal aunque el cliente esté lejos”.

Mirando al futuro, Gracia lo tiene claro: le gustaría que Raconet Verd se convirtiera en un herbolario de referencia en la comarca de la Safor. No para crecer por crecer, sino para llegar a más personas sin perder la esencia. “Si en cinco años puedo decir que he ampliado el local, que tengo más productos, y que sigo ofreciendo un trato cercano, estaré feliz. Y si puedo contratar a alguien que crezca conmigo, mejor todavía”.
Para ella, lo más valioso del día a día no es la venta, sino la confianza que las personas depositan en su trabajo. “Lo que más valoro es al cliente que entra por la puerta. Ellos son los que hacen que todo esto tenga sentido”. Y esto, al fin y al cabo, es la esencia del pequeño comercio, ese que da vida a los barrios de las ciudades y que hay que cuidar.
