![[Img #26924]](http://gentedelasafor.es/upload/images/12_2021/5357_0b856d93210a564c8694670c8aa5296c.jpg)
Había algo derecho en ti que te salvó siempre: amor a los humildes y a la belleza. (Max Aub)
Margarita Nelken fue una de las mujeres más transgresoras y polémicas de su generación, en su vida privada y en su ideología. Y, también, una de las intelectuales más preparadas y brillantes de su época.
Nacida en Madrid el 5 de julio de 1894 , era hija de un joyero alemán, Julius Nelken y de la francesa Esther Mansberger, ambos de origen judío. Le gustaba repetir que era madrileña, dado que el origen extranjero de su familia sería uno de los blancos preferidos de la xenofobia de la derecha española respecto a ella.
Ella y su hermana, Carmen Eva Nelken, conocida con el pseudónimo de Magda Donato, recibieron una esmerada educación. Eran bilingües en alemán e inglés. Aprendieron inglés con su niñera y viajaron con frecuencia por Europa.
Margarita estudió el bachillerato francés y fue enviada a París, a los trece años, para estudiar pintura con María Blanchard Y Eduardo Chicharro. Allí conoció a Zuloaga, Rodin y a Manuel de Falla.
Sus obras se expusieron en Viena y en Barcelona. Pero una lesión en un ojo le hizo abandonar la pintura. Se dedicó entonces a la crítica de arte y publicó en importantes revistas. Su primer artículo crítico sobre los frescos de Goya en San Antonio de la Florida lo escribió a los quince años para la prestigiosa revista de arte londinense The Studio.
En Madrid, dio clases de arte en el Museo del Prado. Y también impartió docencia en el Museo del Louvre.
Con solo veinte años, se enamoró del escultor Julio Antonio. Nunca se casaron, pero de su relación nació su hija Magda. El escultor murió tempranamente, y Margarita tuvo que afrontar sola su condición de madre soltera, algo muy difícil en su época. Lo reflejó en su novela, La trampa del arenal.
Años más tarde, nacerá su segundo hijo de una nueva relación. En esta época, su actividad intelectual es intensísima. Hacía crítica de arte y crítica literaria, novela larga, relatos breves, como Mi suicidio. Era traductora del francés, inglés y alemán. Se ha atribuido a Margarita Nelken la primera traducción de Kafka al español de La metamorfosis, publicada en la Revista de Occidente en 1925, de forma anónima.
Su trabajo le permitió ser independiente económicamente. Algo de lo que estaba muy orgullosa porque le daba libertad. Se codeaba con Unamuno, Galdós, los hermanos Machado, García Lorca o Gabriela Mistral, como relata en sus memorias Presencias y evocaciones.
Su obra Las escritoras españolas (1930) es fruto de una intensa investigación que rescata la olvidada tradición femenina española. En ella, se enfrenta de modo inteligente con la secular misoginia española que seguía creyendo que la mujer no era apta para tareas intelectuales. Les demuestra con hechos que se equivocan, como ya había hecho antes Emilia Pardo Bazán.
Su activismo y su conciencia social la llevó a organizar un orfanato, La Casa de los Niños, la primera guardería no religiosa de Madrid para hijos de mujeres trabajadoras que albergará a ochenta niños en el barrio de Ventas. Debido a la hostilidad de la Iglesia ante dicha iniciativa y a la falta de donaciones, que permitieran mantener el nivel que requería el centro, en 1920 se vio obligada a cerrarla.
Margarita Nelken siempre trató de mejorar la situación de las mujeres y dedicó varios ensayos al tema. La condición social de la mujer es una de las obras feministas esenciales del primer tercio del siglo XX. La obra le valió ser víctima de ataques furibundos por parte de la jerarquía católica y de las filas conservadoras.
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Influida por La esclavitud femenina de Stuart Mill, defiende, años antes que Simone de Beauvoir, que la identidad femenina es una construcción cultural y social:
Lo impuesto es siempre postizo, pero la imposición metódica durante siglos y siglos, tradiciones y tradiciones, llega, en ciertos casos, no solo a presentarse con apariencias de realidad, sino también a tomar apariencia de «segunda naturaleza».
En esta obra repasa la situación civil de la mujer desde lo laboral, lo jurídico y lo político. Trata los temas del divorcio, la prostitución y la escasa educación sexual. Y critica, como habían hecho Emilia Pardo Bazán y Carmen de Burgos, que la mujer de clase media considere vejatorio trabajar fuera de casa, por haber asimilado el prototipo patriarcal de «mujer de casa»:
Con este sistema se ha llegado, no solo a hacer de la mujer un ser perfectamente inútil para sí mismo y para los demás, sino que se ha anulado en ella hasta las más elementales nociones de dignidad personal.
Margarita Nelken denuncia la explotación laboral de las mujeres, sobre todo en el caso de las que trabajan a domicilio, y reprocha a los sindicatos haberlas abandonado.
Margarita Nelken encabeza la primera huelga femenina en las fábricas de tabaco que hubo en Madrid. Lo que muestra el interés que la situación de la mujer trabajadora despertaba en ella. Nelken piensa que una de las primeras aspiraciones del feminismo debe ser, precisamente, la organización del trabajo de la mujer.
Pide protección y derechos para las madres trabajadoras: descanso tras dar a luz, guarderías, asociaciones de mujeres:
Cuando se os ofrezca algún socorro, pensad que tenéis derecho a exigirlo solo por ser trabajadoras y ser madres y, lejos de desesperaros o de humillaros ante nadie, levantad muy alta la cabeza.
Defendía una mujer fuerte que no se quedara en la tibia crítica de niña burguesa moderna. Una verdadera compañera en igualdad del hombre. Ello la enfrentó con otras feministas no tan combativas. Incluso se ha dicho que ello le impidió entrar en el Lyceum club. Carmen Baroja en sus memorias habla de cómo dentro del Lyceum se rechazaba la libertad personal de Margarita Nelken, sus hijos nacidos fuera del matrimonio y su conducta considerada inadecuada.
En los primeros meses de 1931, Nelken participó en las elecciones de octubre de 1931. Es elegida diputada por Badajoz, cargo que mantendrá en las tres legislaturas republicanas. De hecho, es la única mujer que consiguió las tres actas parlamentarias durante la Segunda República.
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Sin embargo, su lucha no la llevó a defender el derecho a voto de las mujeres, porque coincidía con Victoria Kent en que la mujer española estaba todavía muy influida por la Iglesia católica. No escuchó a Clara Campoamor quien defendía que el mejor modo de aprender libertad es caminar dentro de ella. Solo gracias al tesón de Campoamor, las mujeres pudieron votar.
Margarita Nelken nunca volvió a ser la misma después del contacto con la realidad de los trabajadores extremeños. Constatar la terrible explotación feudal que se ejercía en el pueblo la revolvió en su conciencia política. Ver cómo eran apaleados por recoger las aceitunas caídas del árbol, cómo eran masacrados por la Guardia Civil al servicio exclusivo de los terratenientes la convirtieron en revolucionaria.
Y su defensa de la huelga de campesinos extremeños y de la Revolución de Asturias la llevó a ser acusada de «delito de rebelión» por el gobierno conservador de la II República, apoyado por la CEDA de Gil Robles. Se exilió a Francia y de ahí a los países nórdicos. Regresó a España, gracias a un indulto, y volvió a ser elegida diputada en el 36.
Durante la guerra, colaboró en la defensa de Madrid y atendió hospitales junto a Federica Montseny. De hecho, fueron tres mujeres, Dolores Ibarruri, Montseny y Nelken quienes se dejaron la piel levantando la moral de los milicianos y del pueblo. Ellas combatieron con la palabra y con un trabajo intenso desde dentro, sin abandonar en ningún momento al pueblo, mientras el gobierno en pleno estaba en Valencia.
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Margarita Nelken se convirtió en cabeza de gobierno, ante la ausencia del gobierno mismo. Al grito de «No entrarán», Nelken dirigió la resistencia de la ciudad desde la radio, las calles, y la sede del gobierno. A raíz de esta defensa, Nelken dejó las filas del partido socialista y se sumó a las del partido comunista de España. Posteriormente, en 1942, Nelken sería expulsada el PC por oponerse a la propuesta política de Unión Nacional que Pasionaria lideraba.
Nelken también formaba parte de la Agrupación de Mujeres Antifascistas y de la Asociación Internacional de Intelectuales Antifascistas. Con ambas asociaciones estaría presente en los frentes intelectuales y políticos durante la guerra, como el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, en 1937.
La victoria de los golpistas la obligó a exiliarse a México con su hija y su nieta. Allí recibió la terrible noticia de la muerte de su hijo Santiago combatiendo en Rusia. Y la imposibilidad de viajar para poder despedirse del cadáver se sumó al dolor de la pérdida.
En México se ganó la vida como crítica de arte y escribe ensayos excelentes de estética: Escultura mexicana contemporánea y El expresionismo en la plástica mexicana.
Para ella, la representación de lo sublime es el logro de la justicia social, la perfección del estado de derecho y de la igualdad.
Nelken abrió camino e impulsó a figuras que hoy son la primera línea del arte mexicano: José Luis Cuevas, Carlos Mérida, Ignacio Asúnsolo, Lucinda Urrusti o Feliciano Béjar.
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Y siguió publicando artículos —destacan los aparecidos en Excelsior—, ejerció como traductora y tuvo un puesto en la Secretaría de Educación Pública. Y no olvida el ensayo político en Primer Frente.
La muerte de su hija Magda en 1954, víctima del cáncer, la sume en una gran tristeza. Es conocida la exclamación dolorosa que hizo Margarita Nelken tras la muerte de su hija:
“¡Esto es lo que me ha dejado la vida: de dos hijos, dos retratos!”
Se refugió en el trabajo, en sus críticas de arte para los diarios:
Cada cual se emborracha como puede. Embrutecerme de trabajo es el único modo de no dejarme arrastrar al dolor.
Supera la crisis para hacerse cargo de su nieta, Margarita Salas. Y se mantuvo activa hasta el final de sus días como influyente y renovadora crítica de arte. Y su activismo fue decisivo en las tareas del exilio republicano en México y en otros países.
Margarita Nelken falleció en México el 9 de marzo de 1968, rodeada de sus nietos, pero a solas con un pasado lleno de recuerdos, no siempre gratos, que dejó escritos en sus memorias inéditas.
Era mujer de gran inteligencia, de palabra fácil y apasionada, sin ningún respeto por las formas, que la hacían blanco fácil de critica. Era difícil ser mujer en esos años, gozar de independencia, inteligencia y libertad, casi era imperdonable. Y se lo hicieron pagar muy caro.
Fue atacada por ambos bandos del tiempo que le tocó vivir. Hay acusaciones terribles contra ella y defensas numantinas. No dejó a nadie indiferente. Y los ataques no están justificados con datos fehacientes. Nunca se demostró nada de lo que se la acusaba.
Con Dolores Ibárruri y Federica Montseny, fue quizás la dirigente republicana más odiada por los señoritos, por los caciques, por los que han manejado España desde siempre. La llamaron prostituta y bruja, “amazona judía” o “serpiente con faldas”. Francisco Casares, secretario permanente honorario de la Asociación de la Prensa de Madrid hasta 1977, la calificó de “presunta intelectual, más ramera de cerebro, que de quehacer sexual”.
Como señalará Paul Preston, el delito de Margarita Nelken a los ojos de la derecha tenía especialmente dos vertientes:
Se había valido de sus dotes destacables, artísticas, literarias y políticas para hacer campaña en favor de que las mujeres se liberaran de la opresión masculina de la sociedad española y para que el campesinado sin tierra se librara de la brutalidad cotidiana de sus vidas, en muchos casos poco mejor que la de los esclavos.
Incluso Manuel Azaña -reconocido misógino- la criticó sin piedad. Es verdad que bajo el régimen tutelado por él se consiguió el reconocimiento de la igualdad entre los sexos, una ley de divorcio notablemente progresista y el voto femenino. Pero eso no casaba con sus opiniones privadas:
La Nelken, que es diputada por Badajoz, se ha entrometido en esto (…). Que la Nelken opine en cosas de política me saca de quicio. Es la indiscreción en persona. Se ha pasado la vida escribiendo sobre pintura. Se necesita vanidad y ambición para pasar por todo lo que ha pasado la Nelken hasta conseguir sentarse en el Congreso.
Y José María Pemán -dramaturgo favorito del franquismo y un poeta lamentable- le dedicó unos versos deleznables e insultantes que ni merecen reproducirse.
El dramaturgo y cineasta Edgar Neville describió su odio por Margarita Nelken con palabras que evidencian su misoginia y su rancio patriarcado en un artículo titulado “Margarita Nelken o la maldad”, publicado en septiembre de 1938 en el número 8 de la revista Y, una publicación fascista de la Sección Femenina de Falange Española
Tradicionalista y de las JONS. Sus palabras lo retratan. Destilan odio irracional:
Ahí estaba toda Margarita Nelken. Mujer encorsetada y burriciega, pedante y sin encanto femenino, de carne colorada, había arrastrado una triste vida sentimental. Los hombres que se le habían acercado eran como ella, de oficinas oscuras, de plataforma de tranvía de las afueras; sin la gracia paleta de los hombres del pueblo y sin el estilo de los hombres de raza. […]
Tenía una cursilería emponzoñada que le quitaba ese indudable atractivo físico que tienen muchas cursis. […] Merece nuestro encono eterno, nuestro castigo inexorable.
Convendría, cuando desgraciadamente hoy se vuelven a verter juicios desalmados y fruto del odio sobre esta gran mujer, investigar en su archivo y en datos probados para no emitir opiniones tan injustas y despreciables.
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Solo la investigación rigurosa podrá poner su figura en el lugar que le corresponde. Nunca el odio visceral.
Autora de 32 obras, luchadora incansable por los derechos de la mujer y por la justicia social, culta, valiente y comprometida como pocas. capaz de compaginar el horizonte utópico con el trabajo diario. Nunca se arredró ni ante nada ni ante nadie. Como escribe Manuel Cañada:
Subió a los palacios, estudió a los grandes pintores y fue la primera en traducir al castellano a Kafka. Pero también bajó a los chozos, organizó guarderías y huelgas, y pisó las arenas más enconadas de la lucha de clases.
Su archivo personal se encuentra depositado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Su importante figura ha ido saliendo paulatinamente del olvido y ha despertado el interés de numerosos investigadores. Aún falta mucho para hacerle justicia y acabar de una vez con la leyenda negra de Margarita Nelken, que el franquismo se encargaría de erigir y sostener durante cuarenta años.
