Gandia no pide privilegios. Exige lo que le corresponde. Una marca turística propia no es un capricho ni un eslogan de moda. Es una herramienta de promoción, una cuestión de justicia territorial y una necesidad estratégica para una ciudad que ha construido con hechos —no con palabras— su posición como capital turística consolidada del Mediterráneo.
El pasado mes de enero, en el marco de FITUR 2025, todos los partidos políticos con representación en el Ayuntamiento de Gandia —desde el gobierno hasta la oposición— junto con todo el tejido turístico local firmaron de forma unánime una petición oficial para que la Generalitat Valenciana reconozca esa marca propia. Es difícil encontrar hoy en día un acuerdo político y sectorial tan amplio, tan claro y tan legítimo.
Desde la ciudad se insiste, con razón, en que Gandia necesita contar con una marca diferenciada que refleje su identidad y le permita competir en igualdad de condiciones con otros destinos que ya cuentan con ese reconocimiento. El esfuerzo de años en calidad, sostenibilidad, desestacionalización, profesionalización y diversificación turística merece una respuesta que vaya más allá de ampliar unos metros cuadrados de estand en las ferias.
Sin embargo, en la reunión celebrada este miércoles en el Ayuntamiento entre el alcalde José Manuel Prieto, la concejala de Turismo Balbina Sendra y el secretario autonómico de Turismo, José Manuel Camarero, la respuesta institucional de la Generalitat volvió a ser ambigua. Camarero declaró que: «Se está estudiando un modelo de armonización y profesionalización de las marcas turísticas existentes. Son varios los municipios que han planteado esta cuestión, pero la responsabilidad del Consell es atender estas solicitudes, analizarlas y buscar soluciones técnicas, consensuadas y realistas, avanzando siempre junto a los municipios”.
Palabras medidas, pero también genéricas. Palabras que, sin una hoja de ruta clara, corren el riesgo de diluirse en comisiones, estudios técnicos y mesas de trabajo sin fecha.
Lo que Gandia pide no es que se invente una solución nueva. Lo que exige es que se reconozca su realidad como destino con entidad propia. Y que no se le someta a un laberinto administrativo mientras otros municipios sí disponen de ese privilegio promocional.
No hay excusa técnica que valga cuando hay voluntad política. Y si algo ha demostrado Gandia es que hay unidad, capacidad y resultados para defender con orgullo una marca propia. Ahora, le toca al Consell estar a la altura.
