Wimbledon no es solo un torneo de tenis; es una institución. Cada año, cuando llega junio, los ojos del mundo se posan sobre esas impecables pistas de césped en Londres, donde la tradición se respira en cada rincón. Y entre todas esas costumbres que lo hacen tan especial, hay una que llama la atención de inmediato, y es que todos los jugadores visten de blanco. Sin excepción.
Puede parecer un capricho o una regla pasada de moda, pero hay razones muy concretas detrás de esta elección tan estricta. Desde sus orígenes hasta cómo afecta al juego y a quienes lo siguen, vestir de blanco en Wimbledon tiene mucho más significado del que parece.
La tradición viene de muy atrás
La historia del blanco en Wimbledon se remonta a los primeros tiempos del tenis, cuando este deporte era una actividad de alta sociedad, jugada en clubes exclusivos y con mucho protocolo. En aquel entonces, la ropa blanca era vista como símbolo de clase, elegancia y… limpieza. Uno de los grandes motivos detrás del uso del blanco era que ayuda a disimular el sudor, algo que, para los estándares de la época, resultaba “poco decoroso”, sobre todo en las mujeres. Lo que empezó como una recomendación por motivos estéticos, con el tiempo se convirtió en una regla. Y Wimbledon, fiel a su estilo, la adoptó como norma oficial. Desde entonces, es una seña de identidad que distingue a este torneo del resto.
Una regla que se toma muy en serio
A diferencia de otros torneos del circuito profesional, donde los jugadores pueden lucir camisetas con estampados, colores llamativos o incluso mensajes, en Wimbledon no hay margen para eso. La consigna es ropa completamente blanca.
No solo se trata de camisetas y pantalones; incluye muñequeras, gorros, ropa interior visible e incluso las suelas de los zapatos. Cualquier detalle que rompa la armonía del blanco es motivo para que el jugador tenga que cambiarse.
Además, estos detalles impactan en cómo se percibe el torneo desde fuera. Muchos seguidores del tenis y las apuestas, consideran que estos elementos tan únicos influyen en la dinámica de los partidos. Al final, Wimbledon es un escenario distinto en todos los sentidos.
El blanco también juega en la mente
Más allá del protocolo, vestir de blanco tiene cierto efecto psicológico. Es un color que transmite serenidad, limpieza, orden. Cuando todo el mundo en la pista viste igual, el foco se queda en el tenis.
Esta atmósfera tan pulcra y uniforme puede influir, aunque sea sutilmente, en el estado de ánimo del jugador. Menos distracciones, más concentración. Y también es más fácil para el público seguir la acción sin que nada visual les saque del momento. Incluso las apuestas Wimbledon, toman en cuenta estos detalles. No es lo mismo analizar un jugador que rinde mejor con libertad para expresarse con su ropa, que verlo en un entorno tan controlado.
Cuando alguien se sale del guión
A lo largo de los años, ha habido varios intentos de romper con esta regla del blanco. Y todos, sin excepción, han sido corregidos. Uno de los casos más recordados fue el de Roger Federer, a quien le pidieron que cambiara sus zapatillas porque tenían suelas de color naranja.
Otros han tenido que cambiarse en el vestuario minutos antes del partido, o incluso improvisar durante los entrenamientos si llevaban algo que no cumplía con las normas. No importa si se trata de un campeón o de un debutante.
En Wimbledon, el blanco no es solo un color; es parte del espectáculo, de la tradición y de la leyenda.
