Hay una palabra que aparece varias veces cuando José Manuel Prieto habla de estos años al frente del Ayuntamiento: ciudad. No partido, no gobierno, no cargo. Ciudad. Es también la idea que utiliza para explicar algunas de sus discrepancias y su manera de tomar decisiones. «Yo tengo mi propio criterio y, a veces, mi criterio va más allá del criterio del Gobierno o del partido», asegura. Y, cuando toca explicar dónde coloca el límite, lo tiene claro: «Mi sentimiento es Gandia antes que cualquier otro».
Quedan todavía meses para que termine la legislatura, pero el alcalde mira hacia atrás y, sobre todo, hacia delante. Considera que Gandia está «mejor de lo que estaba hace tres años» y que la ciudad ha encontrado un rumbo. Habla de indicadores económicos, de empresas que llegan, de inversiones que empiezan a tomar forma. Más de 150 millones de euros, dice, están actualmente en marcha.
No lo plantea como una meta alcanzada, sino como el principio de algo. «Un proyecto de ciudad no se acaba en cuatro años», repite. En su visión, una legislatura debe dejar cosas encaminadas que puedan seguir creciendo después: Sanxo Llop, el puerto, el nuevo centro del CSIC, nuevos espacios para empresas, empleo de mayor valor añadido. Una Gandia que no se conforme con mantenerse, sino que aspire a ganar peso.

Ahí aparece una de las palabras que, según sus palabras, podría definir la manera de gobernar: ambición. «Tenemos una gran ambición por transformar Gandia a mejor», afirma. Pero enseguida introduce el matiz. No habla de grandes proyectos por el simple hecho de que sean grandes. «Yo pienso en grande, pero pienso con los pies en la tierra». Ambición, sí. Pero escuchando, pisando calle y teniendo presente la realidad de la ciudad.
Quizá por eso, cuando se le pregunta qué haría de otra manera si pudiera volver al principio de la legislatura, no busca una respuesta cómoda. «Muchas». Gobernar, explica, es decidir todos los días. Y quien decide puede equivocarse. «No soy un convencido absoluto de que siempre haya tenido la razón», reconoce.
La frase dice bastante de cómo entiende el cargo. No habla de una gestión perfecta, sino de una gestión que obliga a corregir, explicar y aprender. También de escuchar a quienes piensan distinto: «Me levanto todos los días pensando que puedo hacer las cosas mejor que el día anterior».
Y después está aquello que todavía le preocupa. La vivienda ocupa el primer lugar. «Es la prioridad de prioridades», afirma. El Ayuntamiento prepara medidas para facilitar el alquiler, incentivos fiscales y fórmulas para movilizar vivienda, pero Prieto quiere ir más allá y que el propio consistorio impulse promociones sobre suelo municipal. «Ahora lo que toca es construir». Pero vuelve a matizar. La construcción de nuevas viviendas para dar respuesta a la demanda de la sociedad no es competencia de los ayuntamientos, pero Prieto no oculta su impaciencia ante los tiempos de la Generalitat. El primer edil recuerda que la Generalitat dispone de cuatro parcelas en Gandia y que tres todavía no han comenzado a desarrollarse. Unos retrasos que también ve en otros proyectos como el Centro Integrado de FP o las mejoras de la CV-60. Todo ello son compromisos que le gustaría arrancar al President en una reunión que todavía no se ha producido. «Pero yo soy incansable», asegura.

Incluso cuando una puerta no se abre a la primera, afirma que volverá a llamar. Para él, la política municipal no puede convertirse en una extensión de las guerras partidistas de otros ámbitos. Si una propuesta es buena para Gandia la apoyará venga de quien venga.
Esa idea vuelve a aparecer cuando habla del nuevo transporte público. El contrato debería ponerse en marcha durante el primer semestre del próximo año y supondrá, según explica, un cambio importante: más frecuencia, mejores conexiones, un servicio específico y más rápido hacia la playa, una lanzadera al hospital, más horas y conexión con los polígonos industriales y los barrios más alejados. La frecuencia pasará de los 40 a los 20 minutos. «Va a ser un gran cambio a mejor».
Pero no solo el transporte mejorará antes de mayo de 2027. La seguridad de la ciudad, que según afirma «los delitos van a la baja», se verá reforzada con la instalación de 38 cámaras autorizadas por la delegación del Gobierno. Una herramienta de prevención, vigilancia y resolución de delitos. Porque en Gandia, «quien la hace la paga, pero mejor si no se hace», resume.
Y entonces llega Ceuta. Un asunto que mezcla solidaridad y política, el sentimiento de ayudar y el peso de las siglas políticas. ¿El ruido?
Prieto lamenta que una cuestión de ámbito nacional haya terminado convirtiéndose también en motivo de confrontación política en Gandia. Defiende el derecho a manifestarse y a expresar opiniones, pero reclama que determinadas cuestiones se aborden desde la unidad y no desde las siglas. No está de acuerdo con cómo se está gestionando la situación de Ceuta a nivel nacional, pero eso no significa que quiera llevar el debate a los extremos. No le gusta el ruido en política.
Su posición vuelve a llevarle al mismo punto: tener criterio propio. «Hasta la discrepancia se pacta. Se pacta todo», dice. Y esa frase sirve también para explicar su relación con sus socios de gobierno y con su propio partido. Hay diferencias. Pero no cree que discrepar sea incompatible con gobernar juntos.
Tampoco con la oposición. Prieto asegura que escucha las críticas y que algunas le hacen reflexionar. Lo que rechaza son las descalificaciones personales y el tono cada vez más incendiario del debate político. «Una transacción no es una traición», afirma. Para él, llegar a acuerdos no significa renunciar a las propias ideas, sino entender que gobernar una ciudad exige encontrar puntos de encuentro.
En ese contexto sitúa también las críticas del PP y de Víctor Soler sobre el supuesto «curso del cambio» y el «fin del socialismo». Prieto asegura que no pretende acabar con nada. Quiere continuar un proyecto de ciudad. Y vuelve a marcar una frontera: «Mi sentimiento es Gandia antes que cualquier otro».
No quiere, dice, una ciudad «en pequeño». Reivindica una Gandia capaz de pensar en grande, de atraer inversiones, de generar empleo y oportunidades y de mirar al mar, al puerto y a nuevos sectores económicos sin renunciar a aquello que ya funciona.

Pero quizá el momento en el que más se aleja del político y aparece la persona es cuando habla de lo que todavía le mueve después de estos años. No menciona primero una obra, una cifra o una inauguración. Habla de las personas. Del contacto con los vecinos. De lo que aprende cuando escucha.
«Me apasionan las dos grandes cosas que me mueven todos los días: Gandia y los gandienses», dice.
Quedan proyectos por terminar, decisiones por tomar y errores que revisar. También quedan meses de legislatura y, previsiblemente, una campaña electoral que irá ocupando poco a poco el espacio político. Prieto, sin embargo, insiste en que todavía no toca mirar únicamente al calendario electoral. Toca seguir construyendo.
Porque si algo atraviesa toda la conversación es precisamente esa idea: que una ciudad no se termina de hacer de un día para otro, ni cabe entera en una legislatura. «Un proyecto de ciudad no se acaba en cuatro años».
