“¿Qué está pasando? ¿Este tipo de precipitaciones no son típicas de septiembre en vez de noviembre? ¿Ha ocurrido alguna vez algo así? ¿Esto tiene alguna relación con el cambio climático?”. Bajo estas cuestiones, el equipo de tuiteros valencianos de la Agencia Estatal de Meteorología ha realizado un interesante análisis de los cambios que la Comunidad Valenciana, y la Safor en particular, ha registrado en los últimos años, tras los últimos episodios de lluvias torrenciales de esta semana. Largos periodos de sequía combinados intensas tormentas fuera de las épocas habituales o un aumento considerable de las temperaturas (danas, Glorias, turbonados, gotas frías en noviembre) están siendo la tónica de una situación meteorológica cada vez más cambiante e inestable. En su amplia explicación, tratan de responder a estas cuestiones aportando datos, estadísticas y gráficos que conservan en sus históricos.
En 1985 se creó el Plan de Predicción y Vigilancia Meteorológica (Previmet). La finalidad de este Plan era establecer una normativa técnica y operativa de actuaciones durante la temporada crítica de lluvias intensas en el Mediterráneo, así como definir los criterios y métodos de información y coordinación con la Dirección General de Protección Civil, organismo oficial encargado de coordinar todas las actuaciones en situaciones de emergencia o catástrofes.
La campaña se deba por “cerrada” el 31 de octubre. Pero a principios de noviembre 1987 se produjo la gran riada de la Safor, la Ribera y la Vega Baja, unas lluvias torrenciales que dejaron en Oliva 817 l/m2 o 700 en Gandia. El registro de Gandia lo midió el entonces conserje del colegio Roís de Corella, donde estaba el pluviómetro, y el de Oliva, Juan Canet Cañamás (lee su historia). Ese día también hubo precipitaciones torrenciales en la Vega Baja y, al día siguiente, las lluvias torrenciales se desplazaron a La Ribera Alta, Canal de Navarrés y la Vall d’Albaida.
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El dato de Oliva del 3 de noviembre de 1987, registrado mayoritariamente durante la mañana del 3 de noviembre, es el valor más alto registrado en España en 24 h y el segundo más alto de Europa. Los registros históricos de AEMET conservan otra riada mucho más antigua en esas mismas fechas, concretamente en 1864, la conocida como ‘Riada de San Carlos‘ que, junto con la de 1982, ha sido la mayor crecida conocida del río Júcar. Desde entonces, se han sucedido algunas otras inundaciones también en este periodo, con acumulados de hasta 200 litros, pero ninguna con las dimensiones de la de 1987. Esta histórica inundación provocó que el Previmet se ampliara e incluyera el mes de noviembre dentro de los planes de emergencia, ya que se había demostrado como un mes de riesgo.
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A la vista de los datos históricos, explican desde la Agencia, habría que considerar las lluvias de hoy como un fenómeno que se ajusta a la variabilidad del clima. Aunque “probablemente los máximos de precipitación en 24 horas sí que se están extremando con el cambio climático”. Dicho de otra forma: Es probable que ahora llueva lo mismo pero de forma distinta.
En un informe redactado sobre la DANA del mes septiembre a petición de les Corts Valencianes, los técnicos de la Aemet señalaban: “El calentamiento del aire y del mar observado en las últimas décadas está muy relacionado con variaciones del ciclo hidrológico y de los sistemas hidrológicos, entre ellos, el aumento de la evaporación y del vapor de agua atmosférico y, consecuentemente, un mayor poder de liberación de calor latente cuando se desarrollan los fenómenos convectivos presentes en las lluvias torrenciales otoñales. Gran parte de este flujo de humedad desde la superficie hacia la atmósfera se traduce en un notable incremento del total de agua en columna sobre el Mediterráneo occidental. Estas variaciones pueden dar lugar a que las precipitaciones torrenciales sean más intensas y con mayores volúmenes de precipitación».
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Es decir, es probable que estemos entrando en una nueva situación en la que, aunque en el total anual no hay tendencias significativas estadísticamente, la lluvia se acumula de otra forma, en periodos más cortos y con mayor precipitación acumulada. Eso se traduce en periodos cortos de lluvias con más torrencialidad y flanqueados por periodos de sequía que, aunque no llegan a tener la duración que las grandes sequías de los 80 y 90, sí que son más frecuentes y más intensos con meses en los que no cae nada de precipitación.
