¿Cuál sería esa guerra? Tú a mí no me contagias
Para llegar convencidos a lo anterior valdría la pena exponer algunas cosas, como el estrés, la inmunidad, los aspectos afectivos y la relación que hay entre ellos.
El Estrés está relacionado con el sistema inmunitario como veremos. Según la RAE consiste en tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves. Habría que aclarar que el estrés es la reacción del organismo y las situaciones estresantes las que la desencadenan. Aunque se suele asociar a un estado patológico en principio puede estar al servicio de la supervivencia del sujeto y de la especie, será el mecanismo que influirá en el ataque o la huida, pero cuando se prolonga en el tiempo y se convierte de disestrés el organismo presenta una sobrecarga que a nivel emocional puede manifestarse en ansiedad excesiva, sentimientos de culpa y oscilaciones bruscas del estado de ánimo, afectando también al sistema inmunitario que es lo que aquí más nos interesa.
El estrés afecta físicamente al cerebro y al sistema endocrino, con la consecuencia de que una activación prolongada de dichos sistemas tiende a producir efectos perjudiciales, actuando como lo que llamamos inmunosupresores. O sea que nos vamos a ver disminuidos en nuestras posibilidades de defensa ante la eficacia de las vacunas, mayor susceptibilidad frente a resfriados, infecciones de las vías respiratorias y otro tipo de infecciones, estando claro con esto la relación que tiene la situación de nuestro sistema inmunitario con la posibilidad del contagio por el corona..
En nuestra situación actual tenemos dos sentimientos la ansiedad y el miedo que junto con otras emociones van a determinar nuestra realidad actual. Es necesario luchar contra los sentimientos que de forma reactiva a la situación vivencial en que nos encontramos están determinando el estrés.
En primer lugar tenemos el miedo. ¿Miedo a qué? A enfermar por el corona… Nuestra conducta puede ayudar a sacarnos el miedo que encoge, que en nuestra situación impide respuestas positivas a nivel individual. La primera condición es no ser más papistas que el Papa, si los medios serios oficiales dicen que no es necesario el uso de la mas carilla y de los guantes en la vida normal, tenga en cuenta que si usted los usa está inmerso en el miedo. Deje de usarlos y vera como le es más fácil plantar cara a la infección. No es lo mismo defenderse de un ataque que no sabes desde donde va a venir, que tomar la iniciativa para vencer al contrincante.
Están muy claras las indicaciones, distancia mínima del interlocutor, lavarse las manos al entrar y al salir de lugares frecuentados (supermercados, farmacias y otros) y durante su permanencia en ellos no tocarse con las manos la boca, ni la nariz, ni los ojos. Es una conducta sencilla que va a reforzar su autoestima y que le va a rearmar, normalizando su sistema inmunitario ante un posible contagio.
El aspecto de la ansiedad puede venir determinado tanto por lo comentado como por el confinamiento al que estamos obligados. También es un factor que puede dar lugar a una disminución de.la inmunidad. La ansiedad determinada por miedo se puede atenuar, la que es consecuencia de la confinación se puede intentar aliviar teniendo en cuenta algunas recomendaciones:
-Analizar las distintas emociones que esta situación está generando en nosotros y comentarlas ya sea de forma directa o idirecta.
-Mantener un horario flexible, que nos sirva de referente durante el día, para no estar constantemente preguntándonos qué hacer.
-Mantener los hábitos de higiene y cuidado, al igual que aquellos que nos son placenteros como la lectura, pìntar, escribir (para los niños es muy importante que puedan expresarse a través de dibujos)
-Establecer algún mínimo objetivo diario
-No perder el contacto con la familia y amigos, pudiendo ser un buen medio las videollamadas en grupo que pueden dar lugar a manifestaciones festivas, importantísimas en esta situación.
-Tener muy claro que al igual que nosotros podemos necesitar tiempo para uno mismo los que están a nuestro alrededor también.
-Pensar que esta situación no es indefinida y que se va a acabar.
Un aspecto muy importante creo que es la irritabilidad siendo uno de los aspectos que más enrarece la convivencia. Es una de las emociones más frecuentes tanto en situaciones patológicas como estresantes, tendremos que estar muy alerta para detectarla en nosotros mismos, no solo en los otros, para contenerla. Muy fácil de decir, aunque cuesta más llevarlo a la práctica, puede ser eficaz primero detectarla en uno mismo, luego ser consciente de que quiere evitarla y con estas premisas utilizar algún recordatorio que le sirva para concienciar de forma frecuente su propia decisión, un baremo puede ser la ausencia de discusiones y gritos.
Y ahora a pasarlo lo mejor posible, pero siendo conscientes de que no nos vamos a infectar.
